Selene observó el vacío que se extendía ante ella, el vacío espiritual que había dejado la guerra de la triada. Sintió la tristeza desgarradora de la muerte y su mente se conectó con toda la umbra hasta llegar malfeas. El mundo que ella había conocido estaba cambiando y con ello solo veía sufrir a su hermana Gaía. Tras romper la barrera y proyectar su pálido reflejo, posó sus pies en aquel lago cristalino y observó un panorama que logró inundar de tristeza su espiritual corazón. Todo estaba destruido y desolado, tras los eternos combates espirituales, los defensores del kaos se mataban contra los crecientes espectros de wyrm en una batalla sin fin mientras la tejedora y sus extrañas y frías hijas, tejían y tejían extrañas y retorcidas formas para encerrar los pensamientos.
Sin embargo, al borde de aquel lago vio una serpiente, emanante de corrupción y dolor, atacar a todo lo que se movía. Aquella criatura, perdición de los seres vivientes, invocó a una legión de hijos que arrastraban dolor a su paso. Selene trató de hacerles frente pero no podía, pues había reducido su poder y aquellas bestias parecían ser la encarnación del propio corruptor. Fue entonces cuando el padre lobo apareció. Saltó sobre la gran bestia desgarrándo la, mientras dejaba que sus hijos se cebasen con los hijos de apofis, el corruptor. La batalla fue encarnizada, el incarna arrancó una a una todas las escamas de la garganta de aquel ser despreciable. Durante horas, los gritos de dolor se escucharon por todos los rincones mientras aquel heraldo del kaos pintaba el claro con la sangre maldita de su enemigo.
Cuando todo acabó, el cuerpo muerto de la perdición yacía rodeado de todos sus vástagos mientras los lobos se ponían en círculo al rededor de su padre, que fijó sus ojos en selene. Selene sabía de su existencia, sabía quien era y sus amantes, coyote y oso le habían hablado de él diciéndole que era un impetuoso y temible guerrero con demasiado orgullo. Sin embargo ella optó por bañarse en la preciosa mirada. Salió lentamente del lago y se acercó al lobo para poder acariciarlo. El espíritu se extrañó del trato, pero pronto la calidez de la luna comenzó a bañarlo también mientras sentía como la sangre de las venas se le iba calentando.
Entonces, al borde del lago y en lo que había sido un campo de batalla, ambos espíritus se fundieron. Durante aquella unión entre la bestia y la luna surgieron amalgamas, algunas se parecían a lobos, otras a humanos. Entonces apareció Gaia y dijo "Estos seres acompañaran a sus hermanos cambiaformas, combatirán a mis enemigos en primera fila y mantendrán el orden evitando el dolor antinatural que los siervos del corruptor ayudan a provocar".
Y con estas palabras los garous fueron bendecidos con la rabia y cuando tuvieron ocasión, llevaron la guerra a aquellos que mataban a su diosa, hermana de su madre.