domingo, 21 de agosto de 2022

tras los ojos de la verdad-alimañas asesinas 3º

Dossapsos meditaba profundamente de camino a casa. Tras remirar el contacto que angélica le había dejado, llamó a Antonio, uno de los compañeros de Miguel, que ahora era guarda espaldas privado, y empezó a rumiar en su mente un miedo extraño. Los hermanos del batallón nunca habían necesitado dinero, pues eran un grupo político que solo se dedicaba a limpiar la ciudad al estilo de otras organizaciones de extrema derecha y la mayoría de sus integrantes no necesitaban dedicarse al narcotráfico porque poseían empleos fijos, muchos como policías.
Tampoco era probable que quisiesen montar un negocio propio solo para joder a los inmigrantes que traficaban, pues si fuese así con el movimiento que habían hecho ya les hubiesen atacado. Tenía que ser un movimiento muy pequeño, continuado en el tiempo y, sobre todo, que no levantase sospechas ni 

No, algo horrible estaba naciendo en ese mismo instante y, cuando lo hicieran nacer, con su espasmo de vida, arrasaría la ciudad entera. 

En mitad de sus pensamientos, Antonio descolgó.

Hola-dijo, con un tono ronco- tú eres la detective ¿No?

Si, soy yo-dijo Dospasos- soy amiga de Miguel. Es que, verás, me gustaría preguntarte una cosa sobre un tal Pedro Bardaji. No sé si te suena.

Emmmm-El guardaespaldas comenzó a hacer ruidos con la boca-ah si, el chivato. En fin, una amiga de Miguel es amiga mía ¿Qué necesitas?

La cosa es que...-en ese momento bajó la voz un poco-ha sido asesinado. La policía no lo ha descubierto, pero sospecho que pronto lo hará.

Oh, bueno, se veía venir-contestó Antonio tras unos segundos-con ese rollo de ser un punto nazi siempre estaba con broncas, porque sabes a nadie le cae bien un tío que insulta a tu mujer por ser negra o cosas así. Antes de su movida con la actriz ya era poco querido y un mal profesional. Cualquiera del gremio te diría esto. Desde que lo conozco siempre había estado emocionado con su puta secta fascista y con las cosas que hacía. Luego, con lo de la actriz, se sentía maravillado el muy gilipollas.

Sin embargo-el guarda espaldas hizo una pausa dramática-hace unas semanas, los compañeros que aun le aguantaban comentaban que estaba como callado, taciturno y que se pegó varios días sin hacer comentarios de mierda. Sinceramente no le di mucha importancia, por mi como si se lo tragaba la tierra ¿Sabes? pero ahora que lo dices puede que estuviera metido en algo muy gordo, solo o con su hermandad. Por lo que sé, cogía cada vez menos turnos de noche y nunca daba explicaciones. Es muy importante hacerlo ¿Sabes?

No sería la primera vez que una organización se dedica al crimen-Dospasos pensaba en casos muy concretos.

Creo que con esto, sé por donde tirar-dijo Dospasos-te debo una. 

No hay de qué-respondió su interlocutor.

Dospasos sabía que, de buscar algo que entraba y salía de la ciudad, debía buscar a quien hacía entrar y salir cosas de la ciudad.

El antiguo centro estaba en mejor estado de lo que ella recordaba. Las pintadas con frases como "abajo la violencia patriarcal" o "Yo sí te creo", decoraban las paredes de la base de "las hijas de la ira" y le trajeron recuerdos de su adolescencia. Miles de imágenes, sonidos e historias vinieron a su mente y vio, de nuevo, a una Margarita mucho más salvaje que la actual. Sintió una llama, avivada por todas esas sensaciones, pero decidió apagarla. Necesitaba concentrarse.

Las hijas de la ira fue un grupo armado y horizontal surgido durante los años noventa. Durante esa época se sucedieron agresiones machistas a mujeres, violencia sexual y otras atrocidades. Siempre se especuló sobre la idea de que pudo haber algún tipo de organización, pero nunca hubo nada claro. A raíz de eso, muchas mujeres comenzaron a organizarse para defenderse. Al principio, eran solo pequeños grupos que se acompañaban al salir del trabajo o de fiesta. Luego siguió la defensa activa y el contraataque, contra cualquiera que hubiese cometido agresiones. Cuando se quisieron dar cuenta, eran un grupo armado, bien preparado y organizado que había pasado a la ofensiva. 

Margarita simpatizaba con la idea de mujeres armadas defendiéndose a sí mismas, sin embargo sentía pena por el cambio que había pegado la organización. Una de las cabezas destacadas, Sara Gutiérrez, fue famosa por mantener la línea dura de los principios de la organización, cuyo objetivo principal era la protección de las mujeres. Sara, que era reconocida por sus atracos a bancos y sus masacres en burdeles, vivía en los recuerdos de Margarita como la señora amable que le regalaba caramelos y contaba cuentos a los niños del hospital. Ilusionada por esos recuerdos, pasó por la puerta y, inmediatamente, fue apuntada por dos rifles. Dos mujeres, anchas y con brazos fuertes, cubiertos de tatuajes, la miraban con sorpresa, escondidas detrás de esas armas. 

Dospasos recordó que, tras la muerte de muchas antiguas militantes, las hijas habían degenerado, a veces por error, otras por codicia y otras porque, como todos, fueron victimas de las circunstancias. El grupo se centró cada vez más en el trafico de armas y, aunque seguían luchando, habían perdido ese norte, como muchas otras organizaciones antes  de esta. 

Tras varios segundos, una de la guardianas la reconoció.

Tú eres-dijo con mucha confusión-¿Margarita?

La misma-dijo, sonriendo-hola, Eva.

Eva empezó a sonreír de alegría y le dio un manotazo amistoso en el hombro para, acto seguido, dirigirse a su compañera, que también había bajado el fusil-mira Lucía, nos han hecho una visita de cortesía. Ay, no te veíamos desde que empezaste la carrera...pero pasa mujer, que no mordemos.

Margarita empezó a reír, pero, al instante recordó por qué había venido y, la cálida sensación de la nostalgia, desapareció de un plumazo.

En verdad-dijo con un deje sombrío en la voz-he venido por temas del trabajo.

El rostro de las hijas se volvió serio.

Anda que-contestó Lucía-para una vez que vienes, nos vas a buscar la ruina.

En realidad-dijo Dospasos intentando sonar conciliadora-no tiene nada que ver con lo que hagáis, sino con lo que hayáis podido ver.

Dependiendo de qué-dijo Eva.

Estoy investigando a la hermandad-dijo Dopasos mientras se ponía un dedo encima de los labios, simulando un bigote-han matado a un chico, pero también han asesinado a uno de sus chicos y creo que hay algo muy gordo detrás. Me gustaría saber si les habéis visto por los muelles o algo.

Las dos mujeres se miraron la una a la otra. Durante varios segundos, Margarita fue incapaz de averiguar cuales eran las emociones reflejadas. Tras varios segundos, Eva habló.

Técnicamente-dijo-nos han prohibido hablar de ello.

No-dijo Lucía-nos han prohibido liarnos a tiros con ellos, que es bien distinto.

Ya-Eva decía- pero sigue siendo largar cosas.

Da igual-Lucía dejó de mirar a su interlocutora-además, aquí el cerebrito lo iba a averiguar antes o después. Mira, hace poco estábamos por los muelles y vimos como en el  puerto número diez, el que supuestamente está abandonado. Nos acercamos a pipear y vimos a varios miembros de la hermandad descargando cajas. Al día siguiente le preguntamos a alguien y nos comentó que llevan haciéndolo un tiempo.

Nunca es algo demasiado grande-empezó a largar Eva- siempre son pedidos pequeños, pero llevan bastante tiempo con esas actividades. Informamos en la asamblea, pero nos han sugerido que nos mantengamos al margen.

La conversación siguió el curso normal. Tras una charla, las dos militantes se despidieron de Dospasos diciendo que cuando se traía a la novia. Dospasos volvió a casa, meditando sobre todo lo que sabía ahora. Cunado llegó a su hogar, se encontró a  Angélica. Su cara era ansia viva.