miércoles, 19 de diciembre de 2018

Una herencia familiar-Historia de Sara

Algún Lugar en la parte Noroccidental de Eslovenia, año 1716 

Las ramas se rompen bajo mi carrera por el bosque. La respiración entrecortada se sintoniza con las alas de os asustados pájaros, que, despiertos y sobresaltados, emprenden su huida por el entre los arboles. La espesura y la negrura lo cubren todo, cayendo sobre mi como ansían hacerlo mis perseguidores. Una masa con hoces y antorchas sigue mi rastro a través del bosque, sus pasos, tan fuertes como su odio, retumban por todo el bosque.

Mi corazón no se detiene ante nada, el cansancio no aparece, pues algo primigenio, corre por mis venas y me impulsa a seguir a delante. Un impulso salvaje pone un pie detrás de otro, mientras noto como el bosque me arranca jirones de ropa y de vida. Aquello que me mueve por dentro también me duele, la rabia acompaña al deseo de correr un metro más y, paso a paso, aprisiona mi corazón. Esquivo los arboles como si hubiera corrido una y otra vez entre ellos, como si la naturaleza fuese uno conmigo, no me importan las raspaduras. Solo son un segundo en la carrera de la supervivencia.

De pronto, un mastín de caza aparece frente a mi. Puedo sentir a sus compañeros cerca, y a sus amos a mis espaldas. Sus blanco dientes compiten contra el marrón manchado que cubre su lomo, su tamaño es lo suficiente grande como para esconder el instinto asesino de su especie. Salta sobre mi pero logro golpearle en el morro. El perro cae en el suelo, pero yo no espero. Dejo caer mi peso sobre sus costillas y vuelvo a golpear su cabeza. Oigo sus latidos apagándose cuando su cuerpo ya está alejado de mi. Sus hermanas me perseguirán con más rabia.

Minuto tras minuto, me adentro más en el bosque, aunque ya he abandonado mi raciocinio, mi mente aun puede sentir la luz de la luna llena sobre mi piel. El miedo ha desaparecido. Siento solo ganas de correr. 

Pero el bosque no es eterno, y la vida tampoco. Una pared rocosa impide mi camino. Entonces oigo sus gritos tras de mi



Acabad con ella, dicen, es una de las perras del diablo, como su abuela y todas las de su estirpe. Pero ya no puedo oir más. Mi humanidad está cediendo ante la maldición familiar. Mis ropas se rompen mientras me crece mi pelo. Mis manos, ahora zarpas, desgarran y mutilan a todos los campesinos. El líder pierde sus entrañas dentro de mis fauces. 

La bestia ha triunfado, mi humanidad ha muerto.


Larga vida a la estirpe de la loba.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Perdido dentro del León-Historia para loko kuerdo

Las calles de zaragoza tenían el frio y la humedad suficiente para emular a un mar lejano. El atardecer, oscurecido por el peso del invierno, se reflejaba en el horizonte con la silueta de los pisos de torrero creando altos y bajos. La imagen le resultó cálida. Los más cálido que había recibido desde su despertar hace ¿Horas?. Su pelaje lo aislaba del frío bajo aquel puente y hacía que la tierra de la orilla no fuese tan dura. La comida abandonada por los supers aun duraba en su estomago, digerida lentamente le hacía sentir pesado y arrastraba sus parpados. El sueño invadía al pequeño cachorro de pochyenna que se durmió arropado por el sonido del agua que llenaba el canal.

Una respiración que parecía luchar por salir fue lo que despertó al cachorro, que se puso en guardia para descubrir un olor familiar. El hombre que le había alimentado hacía dos horas estaba durmiendo a su lado. El cachorro percibió sus sucios y rotos pelajes. El tipo se había recostado sobre unos cartones, cubriéndose con una manta que había conocido tiempos mejores. Sus colores, entre el verde y el oscuro podrido hacían aquella situación, más lamentable. El pokemon se acercó al anciano. Este se despertó

Pareces un lobezno-dijo extrañado-pero ¿Que hace un lobezno en zaragoza? bueno acércate a mi, si no me has mordido ya...
Las rugosas manos del anciano acariciaron al pochyena. El tacto duro le hacía sentir incomodo, pero algo le impedía morder a aquel anciano de piel oscura. El tacto de sus dedos acariciaba su espíritu haciéndole sentir en paz. Su confusión, producto de una súbita aparición le había desorientado. Algo le había llevado a un callejón, desorientado, alejado de todo lo conocido y sumido en el caos de un mundo extraño. Los suelos de hormigón, cadáveres de su hogar en el bosque, endurecían sus sentimientos y enfriaban su corazón. Le era dificíl asimilar un mundo tan diferente al suyo, tan oscura pero a la vez diferente a la violencia natural que lo había criado.

Entonces olió algo en el aire, un sabor pesado y unas risas agresivas se hacían cada vez más fuertes. Unas moles de carne, con odio en los ojos, la cabeza rapada, y unos simbolos extraños estaban frente a ellos, embutidos en chaquetas verdes y cerrándoles el paso.

vaya-dijo el que tenía más cara de besugo-parece que hemos encontrado un negrito.
Torrero es una mina de mierda...eh mira-dijo entre risas- parece que tiene un bich !Me ha mordido¡

El simio retiró la mano sangrante y se dispuso a aplastar al pokemon. Este, por toda respuesta, saltó a su cara y la mordió. Otro lo arrancó de un manotazo pero cayó de pie. La rabia guió sus dientes contra el segundo manotazo, arrancándole el pulgar en el proceso.

Solo cuando se paró a pensar, se dio cuenta de que había tres. Entonces, llegó el patadón.

El pochyeena rodó varios metros, cayendo dentro de unos arbustos.

Jefe, quiero la piel de ese puto perro-dijo uno de los atacantes, mientras luchaba por no perder su alma a través de la mano.
Callaté, ceporro-sentenció el otro-vamos al servet, no quiero que cojas la rabia.

Solo se escuchó un golpe seco y un crujido


El dolor penetraba su piel y se abría paso hacia su corazón, la confusión hacía mella en su cabeza. El cansancio se acabó imponiendo. Volvió a cerrar los ojos.


Al despertar no sabíacasi ni donde estaba. Tras vagabundear por la orilla, logró salir a la calle. En su cabeza solo había un pensamiento, ir hacía arriba, buscar un punto alto para orientarse e irse corriendo a casa. Tras subir una larga cuesta, ante los ojos aterrados de la gente, llegó a una plaza, con edificios blancos a la derecha. Aunque optó por subir hacia el bosque, prefirio ir por las escaleras azules, que conducían a un gigantesco edificio, con las puertas verdes, rejas enlas ventanas y tres banderas negras ondeando en el techo de la puerta.

Es entonces cuando abre la puerta un chico alto, con el pelo negro y los ojos azules como un cielo de verano.

Oye chico ¿Te has perdido?-dice tratando de calmar al pokemon-no te preocupes, tengo algo para ti

Saca un trozo de pan ante los ojos felices del pochyeena. Algo vuelve a sentirse vivo dentro de él

lunes, 19 de noviembre de 2018

El agujero-historia de jmdiaz

Las cargas de pólvora nunca eran suficientes. Daba igual cuantos matases. Siempre había más. Cuando terminó con el último, empezó a sentirse solo. Rick anduvo por la primera planta del viejo hotel. El ascensor tenía la caldera rota. El bar musical estaba destrozado, el gramófono tenía el inductor de presión destrozado a mordiscos y alguien o algo se había cebado con los taburetes.

Las gotas de lluvia atravesaban los ventanales como una mala noticia, humedeciendo la sala y haciendo lo todo más pesado, convirtiendo el suelo de madera en una trampa. "Un reflejo de los tiempos, supongo". Pensó mientras comía de una lata de conservas abandonada.
El frío penetraba sus huesos, como una enfermedad que se cuela por dentro. Sentía el pasar de los meses y de los sucesos.

Un hecho, tras otro, tras otro... una losa pesada para un camino sin fin.
Miró su recortada y masajeo el machete. Quizás alguien con una gran habilidad para la simbología y la poesía, hubiera dicho que eran talismanes para un mundo que se muere. Pero él no era un poeta.

Entonces el olor lo impulsó a esconderse. Sintió la presencia de la criatura y aplicó un poco de aceite de motor a su cuello y axilas. Los pasos se volvieron errantes.

Había funcionado.

Saltó sobre la criatura, usandola de amortiguador. Penetró en la piel sin pelo y gris hasta que sintió como su machete acariciaba el hueso y las vísceras. Presionó la boca antes de que pudiera reaccionar y llamar a sus hermanos. Hundió su machete para silenciar al bicho. Tras eso, volvió la calma.

Apartó al bicho de su lado y limpió su herramienta.
Nadie sabía que eran o de donde habían salido. Él no conocía a nadie que les hubiese buscado un nombre. Solo sabía que aparecieron en algún momento, ya no podía recordar cuando, y lo arrasaron todo. Había oido historias después de la guerra de objetos que habían caído del espacio, o de granjas secretas del gobierno.

A Rick le bastaba con saber que eran ciegas, que sus zarpas cortaban todo y que las podías agujerear. El pasado y el origen de todo eran borrosos. Para él, recordar el día de su cumpleaños, el aspecto de su barrio o el día que la guerra empezó, era como mirar un lago turbio. A veces, cuando no estaba corriendo o se lo permitía, trataba de recordar su vida anterior, pero no podía.

Ni siquiera podía recordar el día que comenzó esta locura. Su memoria era una sabana rota, hecha con retazos que alguien había perdido por el camino.

Solo el recuerdo de una avioneta, propulsada por un nuevo tipo de motor, con carbón industrial, brillaba en su mente. El viaje, corto y descendente, de aquel prototipo parecía resistirse a abandonar su mente.

El sueño lo cazó y el mundo se volvió oscuro.

Un ruido de pasos lo despertó. Era un andar bípedo, diferente al de las bestias. Lo siguió por el pasillo, hasta las escaleras. persiguiendo a la sombra, llegó al vestíbulo.


Aquella sala no podía ser más obvia, pero se dejó guiar por un impulso y comenzó a mirar en todas las direcciones posibles y notó movimiento en las escaleras que conducían a los sotanos.

Adentrándose en las mazmorras que sostenían el hotel, rick comenzó a preguntarse porque seguía a eso. No sabía que o quien era, y su impulso le había hecho olvidar alguna medida de seguridad. Un peso lo arrastraba hacia las catacumbas. El hedor solo hacía más lento el camino.

Aunque avanzase solo encontraba restos de cosas, hombres o animales. Nada vivía ya. Ni siquiera la esperanza, quemada como el carbón, se desvanecía en estelas de humo.

Sus pensamientos lo guiaron al final del túnel, donde no había nada. El fracaso se junataba en el aíre con olor a criatura. Quiso no reaccionar pero algo le obligó a darse la vuelta. Rick clavó el cuchillo, y sintió una garra atravesar su carne.

El dolor le recordaba que estaba vivo y eso le hizo sonrreir.


martes, 6 de noviembre de 2018

El peso del pasado

Con los ojos en la puerta cerrada, dejó que sus últimas palabras cayesen lentamente por su cabeza. Ella odiaba cuando él no era capaz de salirse de su papel de líder, cuando su capa lo atrapaba. Entendía que tras años bajo la sombre de su mentor, hubiese adquirido todos sus defectos pero ella empezaba a cansarse de que su manía de tenerlo todo atado, los encadenase a ser meras piezas de un tablero. Le conocía, le había visto ponerse en primera línea cuando era el que más se la jugaba, o haber jugado todas las cartas por un impulso de altruismo.

Pero era muy triste ver como un manto consumía a un niño. 

Rachel la sacó de sus pensamientos.
-No tienes muy buen aspecto
+He discutido con Richard
Su voz podía sonar oscura, pero nunca era agresiva salvo cuando ella tenía esa intención. Ellas se conocían mutuamente, su diferencia cimentaba el cariño que sentían la una por la otra. Kori se sentía alegre por esto, aunque mucha gente se sorprendiese de su amistad, ellas sostenían lo que le pesaba a la otra haciendo sus existencias más livianas.
-Su oscuridad incrustada puede herir como un arma, creo que sé de eso-dijo Rachel con la mirada perdida.
+le quiero, dijo kori al borde de las lagrimas+pero cuando estamos juntos me cuesta nadar entre sus capas de oscuridad. Es como si nadie pudiera conocer su interior.
-La responsabilidad le pesa y está atado a sus enseñanzas más de lo que le gustaría admitir, pero cuando miré dentro de él vi mucha luz. Era como un sol.

Se fundieron en un abrazo y luego continuaron. Caminaron por todo el pasillo mientras se oía el  ruido metálico del taller de víctor. Kori nunca había entendido del todo su manía de estar encerrado cuando se notaba más robot que humano. Del sitio de donde ella venía ser así de fuerte era una bendición. Pero su subconsciente entendía como el alma partida de victor le negaba la paz. Nadie en ese grupo podía escapar de algo en concreto, como si uno de sus vínculos fuese lo perdidos que se encontraban. Pensó también en su tierra, en lo lejos que estaba de casa y en lo mucho que la echaba de menos.

Todos esos kilometros eran lejanos cuando algo le traía recuerdos, pero escasos cuando estaba centrada en lo que ocurría en la tierra

Entonces le vio. Su antifaz ocultaba sus lágrimas.

Oye  starf...digo Kori-dijo como si algo obstruyese sus labios-creo que me he comportado como un idiota estos días.
+si, bastante+dijo starfire sorbiendose los mocos
Aunque la tensión de estos días nos esté sobrepasando-dice Richard-no excusa mi coportamiento. No sé que decirte, eres muy importante para mí y no quiero que las alas de mi padre nos separen ¿Que quieres que haga? 

Decir Titanes unidos-dijo Starfire

miércoles, 22 de agosto de 2018

August

Manuel:
Las correas duelen y el hedor me quita fuerzas. No sé cuanto ha pasado desde que me retuvieron en aquel pueblo andaluz ¿Días? Solo sé que estamos en un barco y que hemos cruzado el mar. Me cogieron por alguna razón que no recuerdo ¿molestarles? Nada, no creo. Me hubieran matado o arrojado al mar. La incertidumbre me está matando. Tras año y medio deambulando por una España post apocapiltica y en ruinas, voy a morir en medio del mar. Soy un tolai.

Tras unas horas de espera se acerca uno de lo tipos. Creo que es alguien muy grande, lo que confirmo cuando me quita el saco de la cabeza. Una nariz partida, por mi, un pelo rapado y unos ojos verdes es lo único que mis ojos ven. Me da mucho asco.

Eh! Idiota, si espabilas-me dice riendo y señalando a su cara-¿Recuerdas esto? pues es tu puta sentencia de muerte, gilipollas. En cuanto podamos, te usaremos de cebo.
¿Me vas a  atar con una cuerda?-le pregunto-¿que quieres pescar? ¿tu inteligencia?

Una paliza me devuelve a mis sueños.

El calor de la rampa me devolvió a la realidad. El sol de ¿Donde? quemaba mi cara.Estaba sin camisa y maniatado. Se han alejado de mi para hablar, dicen algo sobre encadenarme. Me fijo en que uno tiene mi cinturón y dejan caer que me necesitan vivo. Eso es una oportunidad. Tras asegurarme de que no hay nadie vigilando, uso un saliente de la rampa como cuchilla. Tras cortarlo finjo un ataque de epilepsia. Cuando uno se acerca a agarrarme la cabeza, le rompo la nariz. Bien tiene una pistola. Pego varios tiros, solo aciertan dos. Antes de que bajen los  demas cojo a mi primer victima y la uso de escudo humano. Consigo recoger un cuchillo y escapo por una de la avenidas. En mi carrera he olvidado para quien o que iba a servir de cebo. No sé ni donde estoy, tampoco me importa. Tras una larga carrera, dejo tirado a mi escudo.

Cuando dejo todo atrás me doy cuenta de dos cosas. La primera es que, por la bandera azul igualda que hay tirada, es probable que esté en Argentina. La segunda parece en forma de individuo tambaleante. Se ha percatado de mi existencia y viene hacia aquí. Sus ojos sin vida contrastan con la piel quemada por el sol, siendo eso lo que lo hacía más aterrador. Iba dejado, sin ningún tipo de protección, acercándose con sonidos guturales. Si eso era un ser humano, todo estaba acabado. Se abalanzó sobre mi y comenzó a atacarme. Con sus embestidas me arrinconó a una pared y empezó a agarrarme. Solo mis cabezazos impedían que me arrancase la garganta. Cuando las fuerzas me fallaban, tuve una idea. En el segundo de la siguiente embestida, me tiré hacia un lado, echando mano del cuchillo. Cuando mi agresor se dio cuenta, vino hacia mi. Sus manos levantadas fueron recibidas con una cuchillada en el cuello. La sangre nos cubrió como la vergüenza cubre el rostro de los culpables. Pero no estábamos solos.


Había muchos como él, avanzando lentamente hacia donde estaba yo. Fue entonces cuando un tipo me hizo señas para que me acercase.





August:
 Otro día de mierda, en la misma ciudad asquerosa. El apocalipsis fue el último golpe para el mundo. Un cascaron frio, aburrido y muerto sobre el que caminar no era una gran opción. Vale, es bonito estar vivo y eso pero odio que solo me dedique a andar, buscar comida y escapar de "errantes". La rutina del fin del mundo es una cadena que atrapa, volviendote loco. así surgen los errantes. Las mentes que el fin de los días quebraron. Sus hijos miserables.


Me levanto de mi cama, preparándome para otro día de acción. Tras ponerme la ropa y enfundar el machete, recargo el revolver y salgo de allí. La comida escasea y los estómagos rugen como bestias nocturnas. Cada camino escogido no es una ruta d escape si no la elección de tu propia muerte. Las calles están en silencio, poca gente las camina y los errantes han abandonado la zona. Nadie escucha mis pasos o mis golpes en la puerta de una antigua tienda. Unas pocas latas de conservas era lo único que quedaba. Junto con un cuadro de sangre, era la única decoración de la tienda. Cristales y sueños rotos, la imagen del s XXI. Mientras paseo de vuelta a casa escucho a un errante, su ataque y posterior apuñalamiento por un tipo rubio y semi desnudo. Otra boca más que alimentar es un clavo en nuestro ataúd, pero también lo es en el del tedio post apocalíptico. Sin casi pensarlo, le digo que se acerque.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Viejos habitos

Los fanáticos nunca le inspiraron terror. Consideraba que su miedo, lejos de ser su mayor arma, era su peor defecto. La demonizaban y eso los mataría. "A fin de cuentas"pensó "solo se puede matar a un ser humano ". Uno de aquellos tipos, con chaleco tejano y rabia en el corazón, se lanzó, cuchillo en mano. Ella se hizo a un lado y le encajó un gancho. El tipo se encogió, recibiendo, en el proceso el codazo de ella. Anna observó como otro de los idiotas trataba de dispararle. Mientras esquivaba el golpe, se quitó el guante. Cuando estuvo a dos metros del extremista, le puso la ano desnuda en el cuello.

Al darse la vuelta comprobó que logan había sido más rápido. Los hombres se retorcían de dolor en el suelo, con sus armas cortadas en pedazos. Todos respiraban. "Al menos ha abandonado los viejos tiempos". Cuando se giró vio una mujer con un cuchillo. Apenas la pudo esquivar, estando a punto de caer. La mujer tropezó con uno de los hombres y cayó al suelo. Cuando se levantó picara le pegó un puñetazo. Logan la miró y luego se dirigió al mostrador.

Creo que nos habíamos quedado en la parte en la que usted me iba a servir una cerveza-Dijo sonriendo ante la mirada aterrorizada del barman.
Sss Al de aquí !Monstruo¡- Un cuhillo, más amuleto que arma, se interponía entre james y un asustado hombre.
Logan comenzó a sacar las garras, pero pícara se lo impidió. Tocó su mano y le susurró en la oreja "por favor, aquí no". Wolverin guardó las garras, se bajó la gorra y salió con Picara.

Te has despistado-Dijo logan mientras abría la puerta.
¡Venga ya!-Picara se sentía ofendida-Estamos vivos y esa gente está hecha polvo.
Pero podrían no estarlo-La mirada de Logan se le había clavado, como una de sus garras-Nunca debes perder la concentración, si lo haces puedes acabar en un ataúd ¿es que no recuerdas las clases?
Deja de tratarme como a una cría-Un sonoro portazo acompaño a la puerta.

El coche llevaba ya un rato en carretera. Los asientos estaban medianamente limpios, los cristales bajados y sonaba Hank williams en la radio. La temperatura del coche acompañaba el triste silencio que atrapaba a sus ocupantes. Picara estaba mirando por la ventana.

La cerveza, el gorro de ahí detrás, la música...¿Cuando encenderás el coche gritando Yiha?-Preguntó Picara. James Howlet se limitó a gruñir. Tras unos segundos logan la miró.

Escucha, sé que a veces puedo ser brusco...-dijo.

Si; Y gruñon, asalvajado, mandón, pesado, evitas usar la palabras humanas, actuando y expresandote como un animal-le cortó picara- ¿He mencionado ya tus exilios de la ducha a la minima oportunidad que tienes?

Tras gruñir, bajito, Wolverin volvió a la carga- Lo que quiero decir es que sé que a veces el antiguo yo sigue en mi, aunque el tiempo haya cambiado y ya no sea el mismo, hay viejos habitos que no puedo olvidar-sus palabras se atragantaban- no trato de justificarme ni de usar i pasado como arma blanca. Solo te pido un poco de paciencia.

Ey-dijo Picara-eres el mejor padre con el que una belleza sureña puede soñar.

Le dio un beso en la frente y se acurrucó en su hombro.

viernes, 6 de julio de 2018

Historia de artizar.

El frío del aire que cubría el cielo era el olor  de un paraíso muerto. El bosque, de una espesura que bloqueaba el camino, se nutría con la sangre de los caídos. El dolor, la sangre y la muerte habían echado raíces y sus perseguidores se alimentaban de ello . Ella miró, cuando sus piernas rogaron por un segundo, los restos caídos de un hombre. Un buen hombre. El aire pesaba, la luz de la luna penetraba en el alma pero no la limpiaba, solo calentaba el ambiente y ayudaba a encender el odio. Los ruidos cubrían el bosque y los arboles, muchos de ellos muertos y retorcidos parecían el cadáver de un dios.

Siguió caminando, por puro instinto.
No sabía porque la perseguían y poco le importaba, lo único que tenía en mente era estar alerta. Cuando sus sentidos volvieron a activarse, descubrió que uno la había alcanzado.

Su rival actual era un energúmeno que le sacaba dos cabezas. Pocas neuronas. Odio y musculo.
El tipo, vestido con unos unos pantalones de uniforme y una camisa blanca, levantó  su bate claveteado apuntando a su cabeza. Ella solo se movió y dejó que el orangutan descargase el mazo contra una de las esquinas. Mientras lo desenredaba, ella le acuchillo en el riñón. El gigante gritó y se avalanzó sobre ella. La vida se le escapaba, pero el odio lo mantenía vivo, el odio lo impulsaba y el odio le empujaba a golpear. Esquivó su puño y, mientras asentaba su posición, le agarro el brazo para rompérselo. Aquel desgraciado lloró de dolor. La posición ergida de ella, desató la ira del gigante que trató de levantarse impulsado por la furia. Pero no pudo. El puño de la mujer clavó la nariz en el cerebro del gigante. La vida abandonó súbitamente el cuerpo, como la alegría ante la desgracia inminente.

Siguió corriendo bosque abajo. Cada paso, alargaba su vida un poco más. Los latidos de su corazón luchando por mantenerla eran su banda sonora. Su cuerpo le estaba salvando el alma a base de fuerza pura e ira. Su interior gruñía por vivir.
Mientras avanzaba descubrió una cueva que podía cruzar la montaña Aquello la descolocó. La única posibilidad de ser la última. El movimiento que impedía que fuese un cadáver. Aunque los pensamientos y las paranoias pesaban sobre su cabeza, decidió que su pellejo era algo que merecía cualquier esfuerzo, tras su supervivencia en el bosque.

Y no se equivocaba.

A los pocos pasos se le abalanzaron los perseguidores. La treta les iba a salir cara. Cuando uno de ellos trató de agarrarla abriendo los brazos, ella consiguió reaccionar y clavarle un puñetazo en la tripa, para luego girar y golpear las costillas del segundo con una patada. Antes de que avisaran consiguió romper sus dientes y dedos. Tras eso, traspasó la entrada la cueva y se dio cuenta de que tenía más de barranco que de cueva. Rodó varios metros y acabó en la orilla de un río por el que se arrastró. Minuto tras minuto, el tiempo, el hambre y el frío la iban mellando, pero prefería desangrarse quedarse quieta, ya que eso era llamar a la parca. Tras un buen trecho, se encontró a un barquero.

No eres la primera persona que encuentro, estos bosques son el infierno-dijo aquel anciano. Sus manos, que eran la continuación de unos brazos curtidos que salían de un cuerpo que se moría, empujaban con fuerza los remos. Las aguas oscuras, silenciosas como un mar de muertos, no hacían más que inquietarla.
¿Que es lo que quieres a cambio?-Artizar se esperaba cualquier cosa
¿Yo?-dijo ante la atenta mirada- solo soy un viejo altruista-Ella se limitó a poner la mente en blanco. Mientras la barca avanzaba, se quedó dormida.

Cuando se despertó el viejo aun seguía navegando. La miraba con curiosidad.
Sabes-dijo aquel hombre- he ayudado a muchos como tú a sobrevivir a este entorno salvaje, pero tú eres diferente.
Quizás por el hecho de que soy una mujer-contestó molesta.
Nah, no es solo por eso-dijo el anciano- es algo que veo en tus ojos, como si a ti te moviese algo diferente.No es algo que busques tú, es otra persona que vive en tu interior.

Tras unos metros, Artizar reconoció el camino. Le dijo que la bajase allí y continuó a pie.
El camino era largo, pero ella lo acortaba a base de fuerza y determinación. Por fin, al final del todo, la encontró. Había vuelto a su hogar, donde la esperaba ella, su amor.

martes, 5 de junio de 2018

Historia de julio-La esperanza dormida

El chico corría por el callejón bajo las pasarelas y trató de ocultarse. Su respiración era un chivato y los dos gorilas le encontraron al final de aquella pared. Tras un contenedor-trituradora se había escondido, pero ellos le arrancaron de las sombras para que la luz de los neones iluminase su muerte. Cuando su aliento golpeó su cara supo que esa noche no pasaría más hambre, pues cenaría nudillos. Quizás no pasaría hambre nunca más.

Un golpe, otro, otro...el puño iba matando su piel. Así era el futuro. Una mala palabra, un mal gesto una mirada demasiado larga. El final estaba a la vuelta de la esquina. Esos eran los nuevos tiempos. La muerte a cada paso. Cuando el dolor había cesado y sus ojos se iban cerrando, vio el puñetazo definitivo alzándose. Pero no lo sintió. Notó calor. Al abrir los ojos descubrió a una figura que les lanzaba bolas de fuego a sus oponentes. Era una figura femenina, su color de piel era moreno aunque no como la gente de la tribu, su baja estatura contrastaba con su rudeza y en sus ojos crepitaba la rabia. Sus movimientos eran secos, bailando al rededor de sus rivales cuando trataba de esquivar los golpes. Un mono-sudadera cubría su cuerpo. Un gorro de lana tapaba su pelo, mientras que sus pies estaban protegidos por unas botas. El chico estaba flipando.

Uno de los gorilas estaba gimiendo de dolor al ver su brazo en llamas. El otro se colocó delante de la chica, movido por la rabia, se abalanzó. Ella solo sonrió. Cuando el gorila estuvo encima de ella, se apartó y de su antigua posición surgió una columna de tierra que noqueó al gorila. El chico se mantuvo en shock un rato hasta que salió huyendo. Ni una mirada, ni un gesto ni un gracias. Solo una carrera para huir del monstruo. La chica se alejó al rato. Ningún policía se presentó. No importaba, solo molestaban. Agradeció que su entrenamiento en tierra control hubiese mejorado en los últimos seis meses.
Se dirigió a la camioneta que estaba más cercana. Era de las de primera generación. Motor chusco de elevación pero con buen manejo. Era una pieza de museo que cumplía. Dentro había otra reliquia, aunque solo trasmitiera la sensación de los tiempos muertos. El interior era deplorable, dos colchones secos se apilaban el uno junto al otro, sin dejar espacio a las cajas para los trastos personales. En uno de los colchones descansaba la sobra de lo que en otro tiempo fue una mujer. Alta, blanca y con un cuerpo musculado, aunque decadente. No se molestaba en tapar su desnudez, salvo por una tímido braga. La luz del sol insufló un poco de vida que se apreció en la energía azul de sus ojos. Tras un murmullo, decidió ponerse la camiseta que había usado ayer, y antes de ayer y...


hmmmm ¿Otra vez haciendo el trabajo de basurera?-dijo quitándose las legañas.
Haciendo mi trabajo de avatar-contestó con una sonrisa torcida.
Ah si, tu trabajo de avatar-dijo riendose para sus adentros.
¿Que tiene eso de gracioso? Kera-cuando la chica le respondió, se notó un aumento de la rabia en el aire
No nada, no tiene nada de gracioso-dijo la mujer mirando al vacío, sin expresiones, sin emociones y sin gesto.
¿TE PARECE DE RISA MI MISIÓN SAGRADA?-la cara de la chica irradiaba odio, en sus ojos ardía el fuego de la tribu de su padre.
Un poco sí-dijo la mujer, elevando su tono de voz aunque sin abandonar la impasibilidad.
COMO PUEDES SER TAN FRÍA, NO TIENES CORAZÓN-Ahora el fuego ocultaba el agua de sus ojos, la herencia de la tribu de su madre.

Salió de la camioneta en dirección a una esquina. Las lagrimas no le dejaban ver, pero supo que la dirección correcta era la opuesta a la camioneta. Se resguardó detrás de los motores de un purificador de aire. Kera estuvo un rato inmóvil en el vehículo, encadenada por sus pensamientos.

Al rato salió de la camioneta. El cansancio existencial pegaba sus pies al suelo, pero los remordimientos eran un buen combustible. Se la encontró, acurrucada en una esquina.

Oye mira Iria, lo siento-dijo mirandola a los ojos-solo estoy un poco cansada ¿Es por lo del viejo? ¿no?
¿Tú crees que mentía?-la humedad de su manga empezaba a disiparse ya
Es más complicado, Iria, eres el avatar-dijo mirándola- y lo que dijo es cierto...o al menos lo era. Mira lo que dijo es como las cosas deberían ser, no como realmente son ¿Vale? lo que quiero decir es el mundo ha cambiado.
Entonces...¿lo de la fuerza que equilibra al mundo?-preguntó Iria
Espiritualmente lo eres, pero es ahora la junta militar quien controla las cuatro naciones-dijo Kera un poco asqueada-su poder es inmenso y no creo que puedas reparar el daño que hizo la guerra entre maestros y no maestros...sin sufrir en el intento.
Pero es algo que puede hacerse ¿No?-decía al ver nacer su alegría de nuevo
No dirías eso si hubieses estado en aquello-las palabras sonaban a peso muerto-hay heridas que no se cerraran en esta generación y puede que tampoco en la siguiente.
Eso es triste-dijo acurrucándose en su hombro.
Ey, no soy yo la que va a reencarnarse al morir-dijo Kera sonrriendo.
Kera-murmuró
Dime-respondió
Gracias por estar aquí-dijo Iria antes de cerrar los ojos
Nada-dijo al tiempo que le besaba la frente-le prometí a tu padre que te cuidaría.

Dejó a Iria dormir en el espacio del copiloto y encendió la furgoneta. El elevador funcinó y abandonó la callejuela. El camino era largo, tras la vía urbana llegaron a un descampado. Las viejas estructuras industriales se sostenían por obra de la fortuna mientras los escombros formaban la alfombra de aquel hogar del pasado. Paredes derruidas y caminos de tierras que habían visto tiempos mejores eran el cuerpo de aquel lugar. El alma, el vacío.
Un maestro de la tierra ayudaba a construir una chabola mientras otros dos maestros, de tierra y agua, hacían cemento. Uno del aire había dejado de trabajar y entretenía a los hijos de los no maestros con unas cometas. "Solo en la miseria pueden entenderse" pensó Kera al recordar como vivían los habitantes en las ciudades, separados y comidos por el odio. Un odio que crea monstruos.

Monstruos de piel humana.

Los vio aparecer a los lejos, con bates y cadenas. Llevaban sus típicos uniformes de chulitos.  Pelos cortos de cepillo, chaquetas de chapas metálicas y desprecio en los ojos. Sus botas machacaban el asfalto. Kera miró a la gente asustada. Ninguno de los habitantes del descampado parecía tener entrenamiento militar, e imaginó que los otros, si no eran maestros supremacistas, serían anti maestros extremistas y tendrían  bloqueadores de chi. Eso iba a ser una masacre. Quería esconderse pero algo la impulsó a salir. "Mierda" pensó. Se bajó de la furgoneta dejando las ventanillas bajadas.

Cuando el primero de los agresores iba a levantar el bate, ella le lanzó una bola de fuego.
¿A que coño has venido?- gruñó el gorila más alto.
A cerrarte la puta boca-dijo al tiempo que calentaba el puño.
Cuando el primer bloqueador de chi lanzó el primer puñetazo, ella lo desvió y golpeó su cara quemando la carne que besó sus nudillos. Agarró al herido para usarlo como escudo cuando otro de sus rivales trató de golpearla con un bate. Al mismo tiempo que el bate partía en dos la cabeza del bloqueador de chi, Kera apoyaba sus manos en el suelos y concentraba su chi en el pie para lanzar una patada a su estomago. El golpe igneo dio en el blanco y, al tiempo que la mole se tambaleaba, ella se puso en posición y agarró la cabeza para estrellarla contra su rodilla. Cuando lo soltó la mole se retorcía y babeaba sangre.

Otro de los gorilas se lanzó hacia delante y ella se puso en guardia, pero eso le impidió ver al bloqueador de chi que se había colocado a su espalda mientras ella se ocupaba de sus compañeros. Con dos golpes la dejó sin chi y el gorila le pegó una paliza.
¿Que vas a hacer ahora, eh puta?- dijo el alfa.
Kera veía como la navaja de aquel tipo iba a rajar su cuello cuando una roca rompió su cara y le hizo babear sangre, al tiempo que, otro gorila era estrangulado por un látigo de agua. Entonces vio a Iria elevada en estado avatar gritando que "los iba a matar".

"Bueno" pensó Kera "Quizás si que haya esperanza"

lunes, 12 de marzo de 2018

Estrella rebelde-historia de Nyra

Aun faltaban varias horas para que el sol se elevase por encima de los generadores de hologramas publicitarios. Aunque la ciudad dormida Nayaxa llevaba varias horas despierta. En su unidad piso de reducidas dimensiones, la cual compartía con otras tres chicas, reinaba el silencio más absoluto. La tranquilidad ejercía una presión horrible sobre ella, pues parecía antinatural. Solo las gotas casi monotonas de la cafetera rompían el silencio de vez en cuando, aunque su artificial ritmo, acompasado al ritmo muerto y vacío de la ciudad, hace que se haga más estresante. Abajo corría el monorrail nocturno que lleva a los currantes, afortunados según el consejo de sabios y la patronal, al area industrial. El humos de la fábricas se camufla con el negro de la madrugada mientras los iluminadores ayudan a tapar las luces del firmamento. Nayaxa se quedó embobada mirando la única estrella rebelde que flotaba en el cielo. Se sentía sola, algo aterrada y,aunque no pudiese dormir, cansada.

Miró a lo que, desde hacía tres años, era su hogar. Un espacio central que conectaba con sus habitaciones, con unos pocos muebles. El centro era una mesa, a cuya izquierda había una radio con generador de 4D que le daba vida. La cocina estaba a la derecha, era una habitación sencilla. Solo un horno, unos palmos de encimera, unos fuegos y un microondas. El baño estaba en el extremo derecho del salón. La decoración era del estilo minimalista que reinaba en esa década...y el único que ellas, y la mayor parte de la ciudad podía permitirse.
El horario de Nayaxa y sus compañeras era el ismo desde hacía años. Bajaban cuando salía el sol a los almacenes de pescado que conectaban con el puerto y volvían al anochecer. Sin apenas descanso. Sin apenas vacaciones. Hora, tras hora. Día tras día. Hundían los cuchillo en los peces modificados coo la rutina se hundía en sus corazones. Apenas sentían esperanza ninguna. O al menos, hasta hoy.

Se hicieron las seis de la mañana y ella se adelantó. Bajó hasta su calle, no sin antes pillar una pistola, y avanzó por uno de los puentes que daba hasta su lugar de trabajo. Allí la esperaba Miguel Krepetekyn, antiguo experto en los túneles de su empresa hasta su despido.

Empieza nuestro turno-dijo él.

Nay no respondió. Rápidamente buscaron una boca de alcantarilla, por allí pedro se guió perfectamente y encontraron una entrada a las conexiones entre el mar y los almacenes. Cuando vives entre sombras no es difícil avanzar en la oscuridad, pensaron ambos.

Se encapucharon y comenzaron a bloquear todos los salientes de agua para que la presión aumentase. Nay rompía los cables que mantenían el agua lo suficientemente templada para que no se congelase y así taponase todo. En unos minutos el tune reventaría por la presión. Salieron corriendo lo suficiente mente rápido como para evitar que el derrumbe los pillase. Se escondieron para poder comprobar como el resto de las acciones habían sido llevadas a cabo. Algunas carreteras de acceso a la ciudad estaban cortadas, los monorrailes magnéticos estaban siendo desinmantados  haciendo que se parasen...
Nay sabía cual era su parte del plan, así que se despidión de Miguel y avanzó hacia el siguiente tramo del plan. Los coches de policía volaban ya sobre la ciudad y tuvo que esconderesa varias veces. No son muy listos pero van armados. Un idiota armado que se cree mejor que tú es peligroso, decía su abuela.


Llegó, tras varias horas de caminata, a la parte concretada. Todo el mundo había hecho su labor, la ciudad estaba empezando a sumirse en el caos. El ambiente estaba caliente y, salvo los policías, todo el mundo estaba de su parte.

La zona era una de las viejas partes de la ciudad que quedaron abandonadas cuando, hacía una generación, se abandonaron. Era un barrio muy parecido a los del siglo XXI. Una calle con bloques de pisos, que se sumían lentamente en el abandono, terminaba ante un viejo parque con caballitos y columpios, donde el oxido del metal se fundía con los quejidos de dolor. "Casi parece el alma de esta ciudad quejandose" meditó Nayaxa.

De pronto empezaron a aparecer sus compañeras. Todas ellas mujeres. Con la braga subida y la capucha puesta. En sus ojos se notaba la calma, pero una calma que oculta algo, una calma que esconde un corazón lleno de rabia. Avanzaron lentamente hacia un callejó y y por allí descendieron a una calle subterranea, hace tiempo olvidada. El camino las llevó hacia una de las estaciones de policia donde se almacenaban los coches y las tanquetas. Nay sintió como si estuviesen entrando en los depositos de carbón de un horno.

De repente un sentimiento la invadió. Era un viejo conocido. La ira. La ira de la frustración y el fracaso. La ira de verse en una posición inferior día tras día, desde un omento que se había perdido en el tiempo como un sueño en la mañana. De una ira que la empujaba a llorar cada noche al acostarse. Pero hoy no era esa ira. Hoy esa ira guiaba uno a uno sus pasos. Hoy esa ira le hacía amartillear su pistola. Hoy esa ira le impulsaba a saltar, profiriendo un grito que salió desde su corazón, el muro que la separaba de sus enemigos.

Ya no era Nax. Eran furia.


Las mujeres entraron dentro del recinto casi en masa. Los policías, somnolientos pero sedientos de sangre, tardaron en reaccionar. Las balas silbaron baladas de muerte, cuya triste melodía contrastaba con el potente encender de las baterías de las porras electricas. No hubo cuartel, para nadie. Nax sintió como una de de las balas, que acabó despejando el alma de un mujer que se encontraba a su espalda, le pasaba cerca de la cabeza. El microsegundo en el que festejó su vuelta de entre los muertos sirvió para que un madero se abalanzase encia de ella. Los 100kg de represor se lanzaron en un placaje cuyo cuerpo no podía sostener. Dejó caer su cuerpo como una hoja de otoño, mientras ponía sus piernas dobladas sobre su cuerpo. En el mismo instante en el que el policía estuvo encima de ella, dibujando una mueca de placer en su rostro, ella solotó sus piernas que fueron a impactar en el pecho del policía que se quedó seco. Su mosntruosidad violenta se derrumbó ante sus ojos. En su mirad a se reflejaba la incredulidad de quien pierde el poder subitamente. Era un matón derrotado, solo era un hombre.


Nax miró el cadaver de su compañera, entonces vio al policía y la volvió a sentir. Sin saber como, acabó colocada encima del policía golpeandole la cara. Uno tras otro, como gotas de café. Como lagrimas de rabia. Tras varios minutos de violencia desenfrenada Nax volvió en si. El dolor inundaba el ambiente y la sangre hacía ya ratos que corría por los suelos. Tras varios minutos de trasteo y arreglos, consiguieron hacer funcionar las tanquetas de la policía. Se apropiaron de ellas y las condujeron hacia la gran avenida.

La gran avenida era la espina dorsal del monstruo. Todas las calles acababan desembocando en ella y su final estaba la cabeza, donde residían los sabios. Hordas de tecnocratas, poseedores del poder político y económico, se hacinaban en aquel lujoso barrio parlamento y se alimentaban del alma de la ciudad, pudriendola y haciendo agonizar a sus habitantes.


Cuando Nax y sus compañeras llegaron vieron a miles de encapuchados que avanzaban hacia la cabeza. Frente a ellos, una masa de policías y tanquetas dispuestas a pintar de rojo las calles por mantener al monstruo vivo. Nax sintió silencio en su interior y notó como el mundo se ralentizaba. La rabia, la tristeza y la adrenalina...comenzaron a hacer mella en ella. Sintió como si su ser se saliese de su cuerpo. Aunque notaba el volante en sus manos y como lo estaba dirigiendo hacia los policías para arrollarlos, era como si otra hubiese tomado su cuerpo. Ese estado de trance duró hasta que los gritos de miedo y dolor de los policías rompieron la atmósfera gris. Los manifestantes saltaron sobre ellos y entonces comenzó la lucha. Las balas volaron aunque los policías eran incapaces de apuntar,pues enseguida se vieron superados por hordas de rabia. Cuando los golpes y los disparos cesaron, la gente se quedó quieta. Tras unos minutos se giraron y avanzaron en silencio hacia la cabeza, mientras se dibujaba una sonrisa pues olían el miedo de sus habitantes.

martes, 6 de febrero de 2018

Historia de May. Mareas de Sangre.

Callejeó por el barrio cercano al puerto. Tras bajar varias calles, encontró el tugurio que buscaba. Su nariz detectó el olor a agua salda y la humedad de la puerta recorrió todas las células de su piel cuand puso los dedod en ella. El antro, una mezcla entre fosa séptica y cueva de acantilado con agua estancada, carecía de luz, imitando los abismos del mar, y el desorden reinaba por doquier. Sus ojos verdes trataron de acostumbrarse a la oscuridad. Mientras tanteaba en la ocuridad, una sombra se movió en dirección a la puerta pasando por la pared del otro extremo de la habitación. Ella movió una estantería y la hizo caer delante de la cosa que corría. Cuando ésta tropezó, ella saltó sobre ella y la arrastró al interior. La criatura era fuerte y la empujó haciéndola caer, pero ella se levantó doblándose sobre si misma y cogiendo a la criatura del cuello para poder tumbarla. Mientras el bicho luchaba por levantarla de su centro de gravedad, ella le rompió la nariz de un puñetazo.


Sus ojos entonces se volvieron negros, y sin luz, pudo contemplar a la horrible bestia. Era una profunda, raza bastarda entre humanos y otras criaturas que el paso de los eónes habían convertido en míticas, cubierta de escamas. Sus manos, de pariencia humana gracias un hechizo antiguo, se mostraban ahora como tentáculos. Era una strega y no hacía más que chillar de dolor por su boca picuda y miraba con odio a la chica, la rabia se sentía en esos ojos remotamente parecidos a los de un pulpo.

Entonces la reconoció.

Oh pero si es Náxandria-dijo mientras escupía un par de dientes-que hace la princesita de los mares por aquí.
Haciendo justicia- dijo ella mirándole con asco- quiero que me digas donde dejaste el orbe.
Se lo di a ciertos caballero, que siempre mira al marrgh-las babas sanguinolientas olían a calarmar.

Náxandria se levantó y se dirigió a la puerta. Fue en ese momento cuando se detuvo, girándose hacia la strega.

¿Que te ofrecieron?-preguntó ella.
Lo que tu pueblo siempre me ha negado. No ser un felpudo ¿En tu justicia va incluido eso? no eres diferente a cierto rubio que yo me sé.

Naxandria se fue con una sensación extraña en el estómago. Avanzó calle arriba para llegar a su casa. A edida que subía por los callejones sentía como los recuerdos la ataban a las simas marinas de su espíritu. Como un tsunami, las palabras de aquel bicho habían perturbado su corazón y ahogado su alma en un mar oscuro de dolor y cansancio. Entró en su cuarto y se tumbó sobre la cama, al día siguiente sería un día largo.

La mañana pasó larga en la ocupación que esta decada le permitía estar cerca de la cala negra, y tener un sueldo. Hoy era bióloga marina, hace cien años, pescadora. Las horas pasaron lentas como una marea de luna ausente. Cuando la jornada acabó se dirigió hacia el bar del puerto. Fue allí donde le vio.
Sus miradas se entrecruzaron y Naxandria tuvo que salir fuera de los nervios. Era un tipo alto, con mirada abisal y su pelo era de azabache. En contraste con el tono cobrizo de Nax, el chico presentaba un color de piel palido y su rubio platino se enfrentaba al oscuro pelo de Naxandria. Ambos eran antinaturalmente hermosos. Nax salió hasta la puerta y cuando intentaba llegar hacia la otra calle, él apareció de entre las sombras.

Lanzó un puñetazo que impactó en la boca de Naxandria. Ella se tambaleó hacia atras mientras luchaba contra el dolor y la sorpresa. Su rival no perdió el tiempo y trató de hacerle un placaje, pero la distancia que había entre ambos dio a Nax tiempo suficiente como para reaccionar. Fluyó al rededor del tipo, tirándose al suelo para poder meterle la zancadilla en el instante mismo en el que su centro de gravedad cambió. Mientras el hombre mordia el polvo, Nax lograba ponerse en pie. Cuando aquel tipo trató de levantarse e ir hacia ella, solo obtuvo una patada como respuesta. Tras eso, la adrenalina dejó de hacer efecto y empezaron a sentir los huesos rotos y las magulladuras, cayendo ambos al suelo mientras se lamentaban del dolor.

Para ser una niñata-dijo mientras trataba de ponerse en pie- pegas bastante bien.
Callate, gilipollas-dijo mientras se apoyaba en la pared para ponerse en pie-¿donde escondisteis el orbe?
¿Yo? ¿Esconder?-dijo mientras reía-hace unas horas que se la entregue a quien tú ya sabes, que me hayas cogido es pura casualidad.
Sois unos idiotas-murmuró ella-Indaixo, eres un jodido siervo.
Si lo quieres tendrás que hacer una visita familiar-dijo riéndose-seguro que todo el mundo estará encantado de verte.

Tras pasar unos minutos, logró recuperar la suficiente fuerza como para moverse. Era viernes y mañana era día libre, así que se encaminó hacia la cala. Cogió el sendero que la conducía hacia lel promontorio mientras en su corazón luchaban los sentimientos de deber frente al dolor del pasado. Cuando llegó a la cima, sintió como su corazón se aceleraba. Iba a volver a casa. Se desnudó y saltó hacia el vacío. Al tiempo que caía pronunció las palabras que transformaron sus piernas en una cola y añadieron unas branquias a su cuello. Nadó varias millas mar adentro hasta que llegó al punto exacto donde comenzaba la corriente marina que la conectaba con el palacio. Se dejó llevar por la fuerza del agua y llegó a la atlantida.

La ciudad del mar era tan bella como hacía un siglo. Muros enormes sostenían la cúpula que separaba el mar del reino. Las columnas que sostenían la estructura eran tan fuertes que ni el paso de los eones había podido con ella. Las estatuas de los grandes héroes protegían la entrada. Nax sabía que debía entrar como se fue, por la puerta de atras. Descendió hacia la zona de las columnas, pues allí conocía un pasadizo que la llevaría directa a su hogar y a la corte. Entró por uno de los agujeros y pronunció el conjuro al reves, lo cual le devolvió sus piernas y se puso a arrastrarse por el conducto.

Esquivó a los guardias con sigilo y, siguiendo uno de los pasillos secundarios, llegó hasta la puerta. Al abrirla fue como si la sigues un séquito de gorgonas pues todos los integrantes de la sala se quedaron de piedra. Solo poseidón supo reaccionar. Su inmensidad solo era comparable a la de un oso, pues sus anchos hombros llegaban cada uno a un lado del  trono y su barba poblada solo dejaba entrever una mueca de decepción y un ojo vacío tapado por un parche. El ojo sano apenas dejaba ver emoción de ningún tipo. La corona dorada contrastaba con el color oscuro y salpicado de manchas rojas del orbe. Como si de una glaciación se tratase, todos los miembros de la sala no ovían un usculo mientras la observaban avanzar.

Admirad todos como la hija prodiga vuelve a casa-dijo el megalomaniaco dios-para aceptar la voluntad de su padre.
Jamás verán eso tus ojos-dijo ella con una rabia en los ojos que desharía los mares y los convertiría en desiertos de odio-nunca e arrodillaré ante ti, devuelve el orbe a su sitio.
Nunca-dijo Poseidon. Su tono sombrío ocultaba una ira que solo iba en aumento-la estirpe de Adan firmó hace largo tiempo su veredicto, yo me voy a limitar a ser su ejecutor.
El odio te ha poseído-dijo Naxandria,tratando de mantenerse serena-echarás sobre inocentes el peso de unos pocos culpables. Unos culpables a los que las mareas del tiempo ahogaron ya.
Toda su estirpe pagará por lo que le hicieron-sus dientes se apretaban mientras el se agarraba a su sillón para no descargar toda su rabia-ellos mataron lo que vivía en mi corazón, yo destruiré su paso por la historia.
También era mi madre, cabrón desalmado-las lagrimas brotaban de los ojos de Nax mientras se fijaban en su padre, un torrente de odio se sumaba al tsunami de tristeza que estaba ahogando su corazón-ellos me la arrebataron, pero tu me arrebataste a mi amor.
SOY TU CONDENADO PADRE-la furia del mar ya estaba desatada- HARÉ LO QUE SEA EJOR PARA TÍ Y NO PODRÁS IMPEDIRLO. JURO POR TODOS LOS MARES QUE NINGUNA DE MIS HIJAS DESPOSARÁ O YACERÁ NUNCA CON UN MORTAL.
Te reto a un duelo-dijo mientras se secaba las lagrimas y apagaba el dolor de su cabeza, a la vez que silenciaba los gritos de dolor-por el orbe, por mi honor y por los inocentes.

El rugido de su padre enarbolando su arma contra ella fue su forma de aceptar el duelo. El filo pasó cerca de ella, pero dobló su espalda y pasó rasante. Su padre se desequilibró pero no cayó. Se había vuelto torpe. Se estaba confiando. Su siguiente movimiento fue de arriba a abajo. Nax bailó al rededor de su padre y cargó un codazo que clavó en sus costillas. El rugido de dolor de su padre fue el primero de tantos, pues Nax no dejó de golpear, durante varios segundos, las costilla de su padre. Cuando se apartó su padre se giró solo para descubrir como ella agarraba su cabeza y le golpeaba en la nariz con la suya. Tras dos patadas, Nax se alzó como vencedora y recogió el orbe.

Su padre gritó y ordenó su exilio. Naxandria, ex princesa y protectora de los humanos.

viernes, 12 de enero de 2018

Historia Cris. Los inicios de un heroe.

Mi vida nunca fue sencilla.

Sí, sé que sencilla no es la vida de nadie, pero por algún sitio tendré que empezar. Nací en uno de los muchos "barrios" del mundo de los espíritus. Digo barrios porque los humanos de hoy en día sois horribles pillando conceptos que son ajenos a vuestro propio mundo, mente cuadriculadas a las que se les escapa todo aquello que no se puede toca o no está definido. Antes era todo más sencillo, en los tiempos de ella era todo más fácil. Ojalá estuviese aquí...en fin, me estoy adelantando. La vida en uno de esos barrios era bastante dura. Como dragón espiritual tuve que entrenarme duro para lograr lo que quería, pues los maestros eran bastante duros con respecto a dar entrada a la gente.

Sin embargo había uno que no.
El tipo en cuestión se llamaba shieng-Lo. Debo decir que era alguien bastante extraño y que siempre había tenido una fama horrible. Yo era un escuálido dragoncito y el tipo era un reptil barrigón, astuto y malcarado sin remedio. No creo que, repasando lo con la distancia que da el tiempo, ese mierda se hubiese fijado en mi por cualquiera de mis, nulas, habilidades. Reparó en mi porque i obsesión con lograr pasar la prueba, mi necesidad  y mi ingenuidad eran las cualidades que me detacaban como pupilo. O como presa fácil. Hago un inciso, puede que para quienes me estáis leyendo, os parezca muy exagerado tratar con un mal tipo solo por lograr pasar unas pruebas. Si te he leído el pensamiento, estoy en lo cierto respecto a los humanos y su capacidad para ponerse en la piel del otro. No soy un misántropo militante, hacéis grandes cosas y soy capaces de heroicidades, pero la empatía no es vuestro fuerte como especie, de verdad, es una crítica constructiva. La vida sin un objetivo claro es algo impensable para un dragón. Sencillamente no podemos evitar centrar nuestra vida en algo, no es solo mental sino social y tienes que ser un tipo muy uy independiente para que la sociedad de los dragones no se te eche encima por no mover un dedo. El riesgo de convertirte en un paria es muy fuerte, y las consecuencias son terribles.

En fin. Estaba yo un día entrenándome para acceder a la prueba de guardián cuando Shieng-Lo apareció.
Veo que entrenas duro-Dijo observando mis movimientos.

Es lo minimo que podía hacer-dije aguantando, bastante mal por cierto, la emoción y los nervios e intentando fingir humildad.

Ya-Dijo antes de hacerme un barrido que pude ver, pero no aguantar-fallas en el equilibrio y en capacidad de reacción, sin embargo tienes otras cualidades que admiro, como es el caso de la dedicación, y otras cualidades que espero descubrir.

En el mundo de los espíritus hay muchas normas estúpidas. Muchas de esas reglas, edictos o leyes fueron promulgadas en el inicio de los tiempos  y desde el inicio de los tiempos, las cosas han cambiado aunque muchos no lo quieran ver. Sin embargo para saltarselas, hay que tener una buena razón y siendo sinceros, Lo era un malnacido y yo era un idiota que estaba a punto de cometer un grave error. Durante mucho tiempo he meditado sobre lo que ocurrió en aquella charla y sus consecuencias. Las pasé canutas durante muchos años, pero esas situaciones me obligaron a tomar decisiones que me condujeron a las etapas felices de mi vida. Supongo que hay una moraleja en ello.

¿A que te refieres?- pregunté
Me refiero que mis colegas a veces son demasiado. hmmm... obtusos-dijo mientras se masajeaba la barba y me miraba- y a veces dejan morir el talento de dragones que no se ajustan a la norma tradicional .
¿No estás interesado en ninguno de esos dragones cabezahueca como ese de ahí  al que le gustaría tener su propia estatua en un jardín familiar y está interesado en una familia china llamada fu, fa o algo así? -Aunque trataba de disimularlo, la emoción salía a chorros por mis orejas.
No-dijo él fingiendo una sonrisa- he visto en ti cualidades que te hacen brillar con una luz especial. Eres diferente.

Si alguna vez queréis que alguien haga algo por vosotros, solo tenéis que decir cuatro elogios en el momento correcto y añadir esas dos palabras. Su efectividad es insultante.

Me mandó hacer un recado. Me dijo que eso solo iba a ser el principio, pero que no iba a durar mucho. Conocía la dirreción, pues era uno de los lugares siniestros de el otro lado de la ciudad. Era un hogar de demonios y tenía que llevarles un paquete. Y ese paquete resultó ser una de las reliquias de poder que rompió el encierro de los demonios. En medio del caos que se generó después, fui a pedirle explicaciones a Shieng. Él se río en mi cara y me dijo que se alzaría y tomaría el control de la ciudad como siempre había querido. Su tiranía duró unos trescientos años. Yo fui más cobarde y me limité a correr en la dirección opuestas a los gritos de dolor y sufrimiento, aunque, irónicamente, sonaron en mi cabeza durante los siguientes años hasta que el tiempo y la redención los hicieron callar. Fui encontrado por el espíritu patriarca de la familia Fa y me acogió al escuchar mi historia y ver mis habilidades. Fueron bastante comprensivos, incluso cuando hice que mataran a uno de sus miembros en la guerra, y gracias a ellos logré ser su espíritu guardián. Fueron los años más felices de mi vida, especialmente cuando llegó ella. Mulan hizo sacar adelante todo mi potencial y logró, que, de alguna forma, me redimiese. Pero eso pasó, ahora me enfrento a mi fin pues rompí mis lazos con el mundo espiritual y los conecte completamente a la familia Fa. Ahora su linaje se ha desvanecido y yo le seguiré. Mi tiempo ha pasado, pero quiero dejar constancia de lo que ocurrió.

Me llamo Mushu y esta es mi historia.



viernes, 5 de enero de 2018

La guerra de Barro

Tintineo tísico, tiñoso de fusiles cargados
caras de muertos,
que aun están vivos
Ira, tristeza, destrucción y castigo.
Venganza, claman desde la retaguardia.,
generales patrióticos con tripas hinchadas, no por las balas.
Niños que, tristemente, agarran un fusil,
que piensan en sus niñas de pueblo o ciudad,
que ás dará, con sus labios de rojo,
como la sangre que de ellos brota,
cuando la muerte los atrape en su cruel abrazo.
Luego, será como te la cuentan esos futuristas patrióticos,
imperialistas que ven la batalla como un juego divertido.
pero ellos no ven ni la tristeza ni el odio.
ni la sangre y el barro,
ni el fuego ni el miedo.
seguirán soñando con tanques,
que, al cabo del tiempo, estarán tan oxidados
como el cerebro de quienes los mandaron
al campo de batalla, por algo.
De patriotismos estúpidos
están llenos los camposantos.
Explosiones plantaran en el pecho de los soldados,
preciosas rosas rojas.
Que adornaran  su tumba, en su entierro,
en una triste mañana.