martes, 22 de enero de 2019

historia Yael-un segundo hacia atrás

La respiración y el pulso van volviendo a mi cuerpo, entrando como una flecha, hacen que el técnico sanitario levante sus manos de mi pecho. Mientras la costilla rota por el RPC se vuelve a recomponer, miro fijamente al techo. Mi vista se va des nublando segundo a segundo, siguiendo el rito de mis pulsaciones, cuya fuerza va volviendo a un ritmo normal. Los coches se apartan, haciendo que la ambulancia cruce el mar de metal y ruido. Los humos pudren el ambiente que se agita en una ciudad corrompida por la mecanización. La ambulancia cruza, de espaladas, una mundo de espíritus abatidos donde las horas van cayendo, una tras otra, sobre el animo humano.

La ambulancia cruza el parque abandonado por donde ya no juegan los niños. Los columpios oxidados son el esqueletos de un animal muerto, brillando bajo la luz de una luna roja que baila entre las nubes. Mi respiración va acelerándose lentamente, mientras oigo las inversas frases de esperanza que el técnico dice para sí. Puedo oirlas, aunque sean bajas. El olor a gasolina va disminuyendo a medida que la ambulancia retrocede calle tras calle. Veo pasar a fantasmas que entran en casa, buscando un refugio contra la frialdad del asfalto.

Rápidamente se acerca a mi calle, orquesta de gritos que van bajando son lo que nos acompaña. Baja la camilla y me dejan en la calle. Las lagrimas de mi amigo vuelven a sus ojos, mientras mis dos amigas me recogen de la calle. Sus gritos se entremezclan con los llantos, entrecortados por la ansiedad. Es la orquesta que se va apagando, mientras me suben por la escalera, dando a mi calle silencio de nuevo. Subimos las escaleras, al tiempo que me arrastran bocaarriba con los pies por delante. Me dejan caer en el suelo y un impulso me levanta del suelo, a medida que los pies vuelven a tener fuerza y los parpados van recuperando su ritmo normal de movimiento. La aguja ya se ha recompuesto, volviendo al segundo a mi brazo. Se levanta el hierro mientras la heroína sale de mi sangre. Después de sacarme la aguja. El camello me devuelve mi dinero al tiempo que cae en sus manos el arma que me matará.

jueves, 3 de enero de 2019

historia de Eloy- Horror y libertad

La cosecha nuca falla-dijo mientras dejaba a la cosechadora solar aparcada-es bonito tener algo seguro.
Sí. somos afortunado-paró en seco-afortunadas en que sea tan fértil como la tierra.

Los dos hombres miraban a sus compañeros y compañeras mientras terminaban de recoger ese híbrido de trigo y espelta paraxiana. Los híbridos de alimentos habían permitido que, en una generación, no se conociese el hambre. Aun así, no era la utopía que los libros decían.
El sol rojo caía sobre las dunas de cristal, mientras que el viento traía las hojas de palmare, el árbol más abundante de aquella región. La similitud que algunas cosas autóctonas, con las de la tierra, provocaba una sobrecogedora sensación familiar sobre la que nadie prefería pensar, pues el peso de la nostalgia arrastraba al espíritu y enfriaba el corazón. Nadie de los que habían llegado, le gustaba hablar de la revolución. La derrota amarga producía silencios cuando los más jóvenes hablaban de ello. Muchos de ellos sabían, por suposición o por confesiones de borrachera, que luchando contra las cadenas del estado y el capital, muchos habían caído, y otros tantos se pudrían en las cárceles, esperando que un día acabase el tormento, de una forma u otra.

Los chavales se alegraban de su vida, especialmente al oir las historias del viejo mundo.

Cuando todo el mundo termino, se dirigieron a la zona de asambleas. Aunque nadie lo notó, un movimiento corría entre las dunas y se camuflaba con la anochecida.

La colonia, internada, túnel tras túnel, en una montaña de roca blanda, estaba alimentada con la luz del sol. Sus habitantes la usaban para soportar el duro clima que el planeta tenía por las noches. Uno de los chicos jóvenes, se encargaba de cerrar las compuertas

Mientras todos estaban en la asamblea, se escuchó un grito. El sonido de dolor, recorrió todos los pasillos y se clavó en los corazones de la gente. La cacería había empezado.

Llantos de niños. Gritos de terror. Lentamente el miedo taladraba su valentía, haciendo que la locura rompiese la cordura. Hasta que uno de los viejos, se subió a la mesa y pegó un pisotón.

amigos, compas-miró a sus asustadas vecinas-familia, conservad la calma. No sé que ocurre pero vamos a salir a investigarlo.

Se bajó de la mesa y fue a un arcón que llevaba sin abrirse desde la huída de la tierra. Al sacar la mano, todos reconocieron los rifles láser.

¿Desde cuando tenemos armas?-preguntó un chico
Desde que somos anarquistas-dijo una mujer, mientras encendía uno de los rifles- y no animales sacrificables..

Tras organizarse, el grupo de voluntarios se dividió en cuatro grupos.

El primero de ellos los vio.

Todo el mundo escuchó los gritos de terror que nacían del ala oeste. La mujer mayor, nacida en la tierra, tuvo que calmar al chico pelirrojo que se encontraba a su lado.

Tras unos minutos, siguieron avanzando. Ellos, el grupo dos, había ido por el área norte. Descendieron por el corredor que les acercaba al lugar de los gritos. Los latidos, se confundían con los fuertes vientos del exterior. El inconfundible aroma del miedo se hacía palpable. Entonces una zarpa cruzó la oscuridad y arrastró a uno de los que estaba rezagado. Los cuatro que quedaban se pusieron espalda contra espalda. Cundo tuvieron plena visibilidad, la valentía abandonó sus corazones. Las formas reptilianas los rodeaban, arañando el suelo rocoso con sus garras


Uno de los extraterrestres saltó sobre el chico, pero este pudo dispararle a tiempo. El monstruo se retorció de dolor ante los ojos abominables de sus hermanos. Estos comenzaron a rodear al grupo para cerrarlos cada vez más.

Lasdescargas de láseres conseguían mantenerlos a ralla. Cunado las baterías se acabaron, solo quedaba un bicho en pie. Se lanzó sobre la mujer, recibiendo un culatazo por ello.

Avanzaron por todo el ala. Cuando llegaron al final del camino, vieron a sus compañeros. Todos estaban vivos.

Serían libres un día más