La ambulancia cruza el parque abandonado por donde ya no juegan los niños. Los columpios oxidados son el esqueletos de un animal muerto, brillando bajo la luz de una luna roja que baila entre las nubes. Mi respiración va acelerándose lentamente, mientras oigo las inversas frases de esperanza que el técnico dice para sí. Puedo oirlas, aunque sean bajas. El olor a gasolina va disminuyendo a medida que la ambulancia retrocede calle tras calle. Veo pasar a fantasmas que entran en casa, buscando un refugio contra la frialdad del asfalto.
Rápidamente se acerca a mi calle, orquesta de gritos que van bajando son lo que nos acompaña. Baja la camilla y me dejan en la calle. Las lagrimas de mi amigo vuelven a sus ojos, mientras mis dos amigas me recogen de la calle. Sus gritos se entremezclan con los llantos, entrecortados por la ansiedad. Es la orquesta que se va apagando, mientras me suben por la escalera, dando a mi calle silencio de nuevo. Subimos las escaleras, al tiempo que me arrastran bocaarriba con los pies por delante. Me dejan caer en el suelo y un impulso me levanta del suelo, a medida que los pies vuelven a tener fuerza y los parpados van recuperando su ritmo normal de movimiento. La aguja ya se ha recompuesto, volviendo al segundo a mi brazo. Se levanta el hierro mientras la heroína sale de mi sangre. Después de sacarme la aguja. El camello me devuelve mi dinero al tiempo que cae en sus manos el arma que me matará.
Rápidamente se acerca a mi calle, orquesta de gritos que van bajando son lo que nos acompaña. Baja la camilla y me dejan en la calle. Las lagrimas de mi amigo vuelven a sus ojos, mientras mis dos amigas me recogen de la calle. Sus gritos se entremezclan con los llantos, entrecortados por la ansiedad. Es la orquesta que se va apagando, mientras me suben por la escalera, dando a mi calle silencio de nuevo. Subimos las escaleras, al tiempo que me arrastran bocaarriba con los pies por delante. Me dejan caer en el suelo y un impulso me levanta del suelo, a medida que los pies vuelven a tener fuerza y los parpados van recuperando su ritmo normal de movimiento. La aguja ya se ha recompuesto, volviendo al segundo a mi brazo. Se levanta el hierro mientras la heroína sale de mi sangre. Después de sacarme la aguja. El camello me devuelve mi dinero al tiempo que cae en sus manos el arma que me matará.