Las calles de zaragoza tenían el frio y la humedad suficiente para emular a un mar lejano. El atardecer, oscurecido por el peso del invierno, se reflejaba en el horizonte con la silueta de los pisos de torrero creando altos y bajos. La imagen le resultó cálida. Los más cálido que había recibido desde su despertar hace ¿Horas?. Su pelaje lo aislaba del frío bajo aquel puente y hacía que la tierra de la orilla no fuese tan dura. La comida abandonada por los supers aun duraba en su estomago, digerida lentamente le hacía sentir pesado y arrastraba sus parpados. El sueño invadía al pequeño cachorro de pochyenna que se durmió arropado por el sonido del agua que llenaba el canal.
Una respiración que parecía luchar por salir fue lo que despertó al cachorro, que se puso en guardia para descubrir un olor familiar. El hombre que le había alimentado hacía dos horas estaba durmiendo a su lado. El cachorro percibió sus sucios y rotos pelajes. El tipo se había recostado sobre unos cartones, cubriéndose con una manta que había conocido tiempos mejores. Sus colores, entre el verde y el oscuro podrido hacían aquella situación, más lamentable. El pokemon se acercó al anciano. Este se despertó
Pareces un lobezno-dijo extrañado-pero ¿Que hace un lobezno en zaragoza? bueno acércate a mi, si no me has mordido ya...
Las rugosas manos del anciano acariciaron al pochyena. El tacto duro le hacía sentir incomodo, pero algo le impedía morder a aquel anciano de piel oscura. El tacto de sus dedos acariciaba su espíritu haciéndole sentir en paz. Su confusión, producto de una súbita aparición le había desorientado. Algo le había llevado a un callejón, desorientado, alejado de todo lo conocido y sumido en el caos de un mundo extraño. Los suelos de hormigón, cadáveres de su hogar en el bosque, endurecían sus sentimientos y enfriaban su corazón. Le era dificíl asimilar un mundo tan diferente al suyo, tan oscura pero a la vez diferente a la violencia natural que lo había criado.
Entonces olió algo en el aire, un sabor pesado y unas risas agresivas se hacían cada vez más fuertes. Unas moles de carne, con odio en los ojos, la cabeza rapada, y unos simbolos extraños estaban frente a ellos, embutidos en chaquetas verdes y cerrándoles el paso.
vaya-dijo el que tenía más cara de besugo-parece que hemos encontrado un negrito.
Torrero es una mina de mierda...eh mira-dijo entre risas- parece que tiene un bich !Me ha mordido¡
El simio retiró la mano sangrante y se dispuso a aplastar al pokemon. Este, por toda respuesta, saltó a su cara y la mordió. Otro lo arrancó de un manotazo pero cayó de pie. La rabia guió sus dientes contra el segundo manotazo, arrancándole el pulgar en el proceso.
Solo cuando se paró a pensar, se dio cuenta de que había tres. Entonces, llegó el patadón.
El pochyeena rodó varios metros, cayendo dentro de unos arbustos.
Jefe, quiero la piel de ese puto perro-dijo uno de los atacantes, mientras luchaba por no perder su alma a través de la mano.
Callaté, ceporro-sentenció el otro-vamos al servet, no quiero que cojas la rabia.
Solo se escuchó un golpe seco y un crujido
El dolor penetraba su piel y se abría paso hacia su corazón, la confusión hacía mella en su cabeza. El cansancio se acabó imponiendo. Volvió a cerrar los ojos.
Al despertar no sabíacasi ni donde estaba. Tras vagabundear por la orilla, logró salir a la calle. En su cabeza solo había un pensamiento, ir hacía arriba, buscar un punto alto para orientarse e irse corriendo a casa. Tras subir una larga cuesta, ante los ojos aterrados de la gente, llegó a una plaza, con edificios blancos a la derecha. Aunque optó por subir hacia el bosque, prefirio ir por las escaleras azules, que conducían a un gigantesco edificio, con las puertas verdes, rejas enlas ventanas y tres banderas negras ondeando en el techo de la puerta.
Es entonces cuando abre la puerta un chico alto, con el pelo negro y los ojos azules como un cielo de verano.
Oye chico ¿Te has perdido?-dice tratando de calmar al pokemon-no te preocupes, tengo algo para ti
Saca un trozo de pan ante los ojos felices del pochyeena. Algo vuelve a sentirse vivo dentro de él
sábado, 24 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
El agujero-historia de jmdiaz
Las cargas de pólvora nunca eran suficientes. Daba igual cuantos matases. Siempre había más. Cuando terminó con el último, empezó a sentirse solo. Rick anduvo por la primera planta del viejo hotel. El ascensor tenía la caldera rota. El bar musical estaba destrozado, el gramófono tenía el inductor de presión destrozado a mordiscos y alguien o algo se había cebado con los taburetes.
Las gotas de lluvia atravesaban los ventanales como una mala noticia, humedeciendo la sala y haciendo lo todo más pesado, convirtiendo el suelo de madera en una trampa. "Un reflejo de los tiempos, supongo". Pensó mientras comía de una lata de conservas abandonada.
El frío penetraba sus huesos, como una enfermedad que se cuela por dentro. Sentía el pasar de los meses y de los sucesos.
Un hecho, tras otro, tras otro... una losa pesada para un camino sin fin.
Miró su recortada y masajeo el machete. Quizás alguien con una gran habilidad para la simbología y la poesía, hubiera dicho que eran talismanes para un mundo que se muere. Pero él no era un poeta.
Entonces el olor lo impulsó a esconderse. Sintió la presencia de la criatura y aplicó un poco de aceite de motor a su cuello y axilas. Los pasos se volvieron errantes.
Había funcionado.
Saltó sobre la criatura, usandola de amortiguador. Penetró en la piel sin pelo y gris hasta que sintió como su machete acariciaba el hueso y las vísceras. Presionó la boca antes de que pudiera reaccionar y llamar a sus hermanos. Hundió su machete para silenciar al bicho. Tras eso, volvió la calma.
Apartó al bicho de su lado y limpió su herramienta.
Nadie sabía que eran o de donde habían salido. Él no conocía a nadie que les hubiese buscado un nombre. Solo sabía que aparecieron en algún momento, ya no podía recordar cuando, y lo arrasaron todo. Había oido historias después de la guerra de objetos que habían caído del espacio, o de granjas secretas del gobierno.
A Rick le bastaba con saber que eran ciegas, que sus zarpas cortaban todo y que las podías agujerear. El pasado y el origen de todo eran borrosos. Para él, recordar el día de su cumpleaños, el aspecto de su barrio o el día que la guerra empezó, era como mirar un lago turbio. A veces, cuando no estaba corriendo o se lo permitía, trataba de recordar su vida anterior, pero no podía.
Ni siquiera podía recordar el día que comenzó esta locura. Su memoria era una sabana rota, hecha con retazos que alguien había perdido por el camino.
Solo el recuerdo de una avioneta, propulsada por un nuevo tipo de motor, con carbón industrial, brillaba en su mente. El viaje, corto y descendente, de aquel prototipo parecía resistirse a abandonar su mente.
El sueño lo cazó y el mundo se volvió oscuro.
Un ruido de pasos lo despertó. Era un andar bípedo, diferente al de las bestias. Lo siguió por el pasillo, hasta las escaleras. persiguiendo a la sombra, llegó al vestíbulo.
Aquella sala no podía ser más obvia, pero se dejó guiar por un impulso y comenzó a mirar en todas las direcciones posibles y notó movimiento en las escaleras que conducían a los sotanos.
Adentrándose en las mazmorras que sostenían el hotel, rick comenzó a preguntarse porque seguía a eso. No sabía que o quien era, y su impulso le había hecho olvidar alguna medida de seguridad. Un peso lo arrastraba hacia las catacumbas. El hedor solo hacía más lento el camino.
Aunque avanzase solo encontraba restos de cosas, hombres o animales. Nada vivía ya. Ni siquiera la esperanza, quemada como el carbón, se desvanecía en estelas de humo.
Sus pensamientos lo guiaron al final del túnel, donde no había nada. El fracaso se junataba en el aíre con olor a criatura. Quiso no reaccionar pero algo le obligó a darse la vuelta. Rick clavó el cuchillo, y sintió una garra atravesar su carne.
El dolor le recordaba que estaba vivo y eso le hizo sonrreir.
Las gotas de lluvia atravesaban los ventanales como una mala noticia, humedeciendo la sala y haciendo lo todo más pesado, convirtiendo el suelo de madera en una trampa. "Un reflejo de los tiempos, supongo". Pensó mientras comía de una lata de conservas abandonada.
El frío penetraba sus huesos, como una enfermedad que se cuela por dentro. Sentía el pasar de los meses y de los sucesos.
Un hecho, tras otro, tras otro... una losa pesada para un camino sin fin.
Miró su recortada y masajeo el machete. Quizás alguien con una gran habilidad para la simbología y la poesía, hubiera dicho que eran talismanes para un mundo que se muere. Pero él no era un poeta.
Entonces el olor lo impulsó a esconderse. Sintió la presencia de la criatura y aplicó un poco de aceite de motor a su cuello y axilas. Los pasos se volvieron errantes.
Había funcionado.
Saltó sobre la criatura, usandola de amortiguador. Penetró en la piel sin pelo y gris hasta que sintió como su machete acariciaba el hueso y las vísceras. Presionó la boca antes de que pudiera reaccionar y llamar a sus hermanos. Hundió su machete para silenciar al bicho. Tras eso, volvió la calma.
Apartó al bicho de su lado y limpió su herramienta.
Nadie sabía que eran o de donde habían salido. Él no conocía a nadie que les hubiese buscado un nombre. Solo sabía que aparecieron en algún momento, ya no podía recordar cuando, y lo arrasaron todo. Había oido historias después de la guerra de objetos que habían caído del espacio, o de granjas secretas del gobierno.
A Rick le bastaba con saber que eran ciegas, que sus zarpas cortaban todo y que las podías agujerear. El pasado y el origen de todo eran borrosos. Para él, recordar el día de su cumpleaños, el aspecto de su barrio o el día que la guerra empezó, era como mirar un lago turbio. A veces, cuando no estaba corriendo o se lo permitía, trataba de recordar su vida anterior, pero no podía.
Ni siquiera podía recordar el día que comenzó esta locura. Su memoria era una sabana rota, hecha con retazos que alguien había perdido por el camino.
Solo el recuerdo de una avioneta, propulsada por un nuevo tipo de motor, con carbón industrial, brillaba en su mente. El viaje, corto y descendente, de aquel prototipo parecía resistirse a abandonar su mente.
El sueño lo cazó y el mundo se volvió oscuro.
Un ruido de pasos lo despertó. Era un andar bípedo, diferente al de las bestias. Lo siguió por el pasillo, hasta las escaleras. persiguiendo a la sombra, llegó al vestíbulo.
Aquella sala no podía ser más obvia, pero se dejó guiar por un impulso y comenzó a mirar en todas las direcciones posibles y notó movimiento en las escaleras que conducían a los sotanos.
Adentrándose en las mazmorras que sostenían el hotel, rick comenzó a preguntarse porque seguía a eso. No sabía que o quien era, y su impulso le había hecho olvidar alguna medida de seguridad. Un peso lo arrastraba hacia las catacumbas. El hedor solo hacía más lento el camino.
Aunque avanzase solo encontraba restos de cosas, hombres o animales. Nada vivía ya. Ni siquiera la esperanza, quemada como el carbón, se desvanecía en estelas de humo.
Sus pensamientos lo guiaron al final del túnel, donde no había nada. El fracaso se junataba en el aíre con olor a criatura. Quiso no reaccionar pero algo le obligó a darse la vuelta. Rick clavó el cuchillo, y sintió una garra atravesar su carne.
El dolor le recordaba que estaba vivo y eso le hizo sonrreir.
martes, 6 de noviembre de 2018
El peso del pasado
Con los ojos en la puerta cerrada, dejó que sus últimas palabras cayesen lentamente por su cabeza. Ella odiaba cuando él no era capaz de salirse de su papel de líder, cuando su capa lo atrapaba. Entendía que tras años bajo la sombre de su mentor, hubiese adquirido todos sus defectos pero ella empezaba a cansarse de que su manía de tenerlo todo atado, los encadenase a ser meras piezas de un tablero. Le conocía, le había visto ponerse en primera línea cuando era el que más se la jugaba, o haber jugado todas las cartas por un impulso de altruismo.
Pero era muy triste ver como un manto consumía a un niño.
Rachel la sacó de sus pensamientos.
-No tienes muy buen aspecto
+He discutido con Richard
Su voz podía sonar oscura, pero nunca era agresiva salvo cuando ella tenía esa intención. Ellas se conocían mutuamente, su diferencia cimentaba el cariño que sentían la una por la otra. Kori se sentía alegre por esto, aunque mucha gente se sorprendiese de su amistad, ellas sostenían lo que le pesaba a la otra haciendo sus existencias más livianas.
-Su oscuridad incrustada puede herir como un arma, creo que sé de eso-dijo Rachel con la mirada perdida.
+le quiero, dijo kori al borde de las lagrimas+pero cuando estamos juntos me cuesta nadar entre sus capas de oscuridad. Es como si nadie pudiera conocer su interior.
-La responsabilidad le pesa y está atado a sus enseñanzas más de lo que le gustaría admitir, pero cuando miré dentro de él vi mucha luz. Era como un sol.
Se fundieron en un abrazo y luego continuaron. Caminaron por todo el pasillo mientras se oía el ruido metálico del taller de víctor. Kori nunca había entendido del todo su manía de estar encerrado cuando se notaba más robot que humano. Del sitio de donde ella venía ser así de fuerte era una bendición. Pero su subconsciente entendía como el alma partida de victor le negaba la paz. Nadie en ese grupo podía escapar de algo en concreto, como si uno de sus vínculos fuese lo perdidos que se encontraban. Pensó también en su tierra, en lo lejos que estaba de casa y en lo mucho que la echaba de menos.
Todos esos kilometros eran lejanos cuando algo le traía recuerdos, pero escasos cuando estaba centrada en lo que ocurría en la tierra
Entonces le vio. Su antifaz ocultaba sus lágrimas.
Oye starf...digo Kori-dijo como si algo obstruyese sus labios-creo que me he comportado como un idiota estos días.
+si, bastante+dijo starfire sorbiendose los mocos
Aunque la tensión de estos días nos esté sobrepasando-dice Richard-no excusa mi coportamiento. No sé que decirte, eres muy importante para mí y no quiero que las alas de mi padre nos separen ¿Que quieres que haga?
Decir Titanes unidos-dijo Starfire
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