sábado, 24 de noviembre de 2018

Perdido dentro del León-Historia para loko kuerdo

Las calles de zaragoza tenían el frio y la humedad suficiente para emular a un mar lejano. El atardecer, oscurecido por el peso del invierno, se reflejaba en el horizonte con la silueta de los pisos de torrero creando altos y bajos. La imagen le resultó cálida. Los más cálido que había recibido desde su despertar hace ¿Horas?. Su pelaje lo aislaba del frío bajo aquel puente y hacía que la tierra de la orilla no fuese tan dura. La comida abandonada por los supers aun duraba en su estomago, digerida lentamente le hacía sentir pesado y arrastraba sus parpados. El sueño invadía al pequeño cachorro de pochyenna que se durmió arropado por el sonido del agua que llenaba el canal.

Una respiración que parecía luchar por salir fue lo que despertó al cachorro, que se puso en guardia para descubrir un olor familiar. El hombre que le había alimentado hacía dos horas estaba durmiendo a su lado. El cachorro percibió sus sucios y rotos pelajes. El tipo se había recostado sobre unos cartones, cubriéndose con una manta que había conocido tiempos mejores. Sus colores, entre el verde y el oscuro podrido hacían aquella situación, más lamentable. El pokemon se acercó al anciano. Este se despertó

Pareces un lobezno-dijo extrañado-pero ¿Que hace un lobezno en zaragoza? bueno acércate a mi, si no me has mordido ya...
Las rugosas manos del anciano acariciaron al pochyena. El tacto duro le hacía sentir incomodo, pero algo le impedía morder a aquel anciano de piel oscura. El tacto de sus dedos acariciaba su espíritu haciéndole sentir en paz. Su confusión, producto de una súbita aparición le había desorientado. Algo le había llevado a un callejón, desorientado, alejado de todo lo conocido y sumido en el caos de un mundo extraño. Los suelos de hormigón, cadáveres de su hogar en el bosque, endurecían sus sentimientos y enfriaban su corazón. Le era dificíl asimilar un mundo tan diferente al suyo, tan oscura pero a la vez diferente a la violencia natural que lo había criado.

Entonces olió algo en el aire, un sabor pesado y unas risas agresivas se hacían cada vez más fuertes. Unas moles de carne, con odio en los ojos, la cabeza rapada, y unos simbolos extraños estaban frente a ellos, embutidos en chaquetas verdes y cerrándoles el paso.

vaya-dijo el que tenía más cara de besugo-parece que hemos encontrado un negrito.
Torrero es una mina de mierda...eh mira-dijo entre risas- parece que tiene un bich !Me ha mordido¡

El simio retiró la mano sangrante y se dispuso a aplastar al pokemon. Este, por toda respuesta, saltó a su cara y la mordió. Otro lo arrancó de un manotazo pero cayó de pie. La rabia guió sus dientes contra el segundo manotazo, arrancándole el pulgar en el proceso.

Solo cuando se paró a pensar, se dio cuenta de que había tres. Entonces, llegó el patadón.

El pochyeena rodó varios metros, cayendo dentro de unos arbustos.

Jefe, quiero la piel de ese puto perro-dijo uno de los atacantes, mientras luchaba por no perder su alma a través de la mano.
Callaté, ceporro-sentenció el otro-vamos al servet, no quiero que cojas la rabia.

Solo se escuchó un golpe seco y un crujido


El dolor penetraba su piel y se abría paso hacia su corazón, la confusión hacía mella en su cabeza. El cansancio se acabó imponiendo. Volvió a cerrar los ojos.


Al despertar no sabíacasi ni donde estaba. Tras vagabundear por la orilla, logró salir a la calle. En su cabeza solo había un pensamiento, ir hacía arriba, buscar un punto alto para orientarse e irse corriendo a casa. Tras subir una larga cuesta, ante los ojos aterrados de la gente, llegó a una plaza, con edificios blancos a la derecha. Aunque optó por subir hacia el bosque, prefirio ir por las escaleras azules, que conducían a un gigantesco edificio, con las puertas verdes, rejas enlas ventanas y tres banderas negras ondeando en el techo de la puerta.

Es entonces cuando abre la puerta un chico alto, con el pelo negro y los ojos azules como un cielo de verano.

Oye chico ¿Te has perdido?-dice tratando de calmar al pokemon-no te preocupes, tengo algo para ti

Saca un trozo de pan ante los ojos felices del pochyeena. Algo vuelve a sentirse vivo dentro de él

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