jueves, 8 de agosto de 2019

La sangre del corazón-historia para ragnar

La sangre regaba las pocas flores que habían sobrevivido a la pelea. Los estertores del vikingo, cuyos cabellos rubios contrastaban con el negro, manchado con sus entrañas, de los cueros que le cubrían las partes donde no había cota de malla. El escudo quebrado, cuyos trozos estaban repartidos formando un camino, tenía aun las sujeciones atadas a su brazo izquierdo, que formaban una masa unida a la carne mediante astas y astillas. La respiración era cada vez más entrecortada, expulsando a empujones la vida del cuerpo. Aquello no duraría. Los 30 kg de pelo y musculos se arrodillaron ante el cadáver. Un canido gimoteo escapó del animal. Su pelo,negro como la tristeza que invadía su corazón, también estaba cubierto de manchas de sangre, trozos de carne y alguna que otra astilla, pero aun mantenía sus fuerzas. Lamió las heridas, pero su instinto perruno le indicó que el alma volaba hacia los cielos. Con lagrimas en los ojos, se sentó al lado del cuerpo.

Desconocía el resultado de la victoria, para él, solo había sido acompañar a su alma gemela a una batalla más. Y de haber sabido el desenlace, le hubiera impedido marchar.

A su cabeza vinieron recuerdos de un pasado de felicidad y alegría. El primer recuerdo era frío, pues su memoria navegaba entre las aguas del día que fue recogido, tras un invierno como perro solitario, entro en contacto con quien le haría compañía y le querría hasta el final de sus días. Sus caras brillaron tanto aquella mañana que hubieran derretido la nieve de los bosques. El siguiente recuerdo lo invadió de calidez. La primera cacería en su compañía. Sus zarpas incendiaban el suelo siguiendo a aquel venado. El calor de la sangre y del verano en su recuerdo ayudaba a combatir el frío, pues la oscuridad invadía el campo, cubriendo a los muertos como una manta. Cuando la última luz murió, todo quedó en paz.

Fue en ese momento cuando el perro fue consciente de que estaba solo en el mundo, de que su ser amado había cruzado la última puerta y que su cuerpo sin vida sería lo último que vería el resto de su vida. Acompañado por un torrente de lágrimas, rompió el silencio con un aullido,agitando la espesura mortecina que la muerte había plantado en aquella tierra sembrada de gente muerta.