Desconocía el resultado de la victoria, para él, solo había sido acompañar a su alma gemela a una batalla más. Y de haber sabido el desenlace, le hubiera impedido marchar.
A su cabeza vinieron recuerdos de un pasado de felicidad y alegría. El primer recuerdo era frío, pues su memoria navegaba entre las aguas del día que fue recogido, tras un invierno como perro solitario, entro en contacto con quien le haría compañía y le querría hasta el final de sus días. Sus caras brillaron tanto aquella mañana que hubieran derretido la nieve de los bosques. El siguiente recuerdo lo invadió de calidez. La primera cacería en su compañía. Sus zarpas incendiaban el suelo siguiendo a aquel venado. El calor de la sangre y del verano en su recuerdo ayudaba a combatir el frío, pues la oscuridad invadía el campo, cubriendo a los muertos como una manta. Cuando la última luz murió, todo quedó en paz.
Fue en ese momento cuando el perro fue consciente de que estaba solo en el mundo, de que su ser amado había cruzado la última puerta y que su cuerpo sin vida sería lo último que vería el resto de su vida. Acompañado por un torrente de lágrimas, rompió el silencio con un aullido,agitando la espesura mortecina que la muerte había plantado en aquella tierra sembrada de gente muerta.