jueves, 3 de enero de 2019

historia de Eloy- Horror y libertad

La cosecha nuca falla-dijo mientras dejaba a la cosechadora solar aparcada-es bonito tener algo seguro.
Sí. somos afortunado-paró en seco-afortunadas en que sea tan fértil como la tierra.

Los dos hombres miraban a sus compañeros y compañeras mientras terminaban de recoger ese híbrido de trigo y espelta paraxiana. Los híbridos de alimentos habían permitido que, en una generación, no se conociese el hambre. Aun así, no era la utopía que los libros decían.
El sol rojo caía sobre las dunas de cristal, mientras que el viento traía las hojas de palmare, el árbol más abundante de aquella región. La similitud que algunas cosas autóctonas, con las de la tierra, provocaba una sobrecogedora sensación familiar sobre la que nadie prefería pensar, pues el peso de la nostalgia arrastraba al espíritu y enfriaba el corazón. Nadie de los que habían llegado, le gustaba hablar de la revolución. La derrota amarga producía silencios cuando los más jóvenes hablaban de ello. Muchos de ellos sabían, por suposición o por confesiones de borrachera, que luchando contra las cadenas del estado y el capital, muchos habían caído, y otros tantos se pudrían en las cárceles, esperando que un día acabase el tormento, de una forma u otra.

Los chavales se alegraban de su vida, especialmente al oir las historias del viejo mundo.

Cuando todo el mundo termino, se dirigieron a la zona de asambleas. Aunque nadie lo notó, un movimiento corría entre las dunas y se camuflaba con la anochecida.

La colonia, internada, túnel tras túnel, en una montaña de roca blanda, estaba alimentada con la luz del sol. Sus habitantes la usaban para soportar el duro clima que el planeta tenía por las noches. Uno de los chicos jóvenes, se encargaba de cerrar las compuertas

Mientras todos estaban en la asamblea, se escuchó un grito. El sonido de dolor, recorrió todos los pasillos y se clavó en los corazones de la gente. La cacería había empezado.

Llantos de niños. Gritos de terror. Lentamente el miedo taladraba su valentía, haciendo que la locura rompiese la cordura. Hasta que uno de los viejos, se subió a la mesa y pegó un pisotón.

amigos, compas-miró a sus asustadas vecinas-familia, conservad la calma. No sé que ocurre pero vamos a salir a investigarlo.

Se bajó de la mesa y fue a un arcón que llevaba sin abrirse desde la huída de la tierra. Al sacar la mano, todos reconocieron los rifles láser.

¿Desde cuando tenemos armas?-preguntó un chico
Desde que somos anarquistas-dijo una mujer, mientras encendía uno de los rifles- y no animales sacrificables..

Tras organizarse, el grupo de voluntarios se dividió en cuatro grupos.

El primero de ellos los vio.

Todo el mundo escuchó los gritos de terror que nacían del ala oeste. La mujer mayor, nacida en la tierra, tuvo que calmar al chico pelirrojo que se encontraba a su lado.

Tras unos minutos, siguieron avanzando. Ellos, el grupo dos, había ido por el área norte. Descendieron por el corredor que les acercaba al lugar de los gritos. Los latidos, se confundían con los fuertes vientos del exterior. El inconfundible aroma del miedo se hacía palpable. Entonces una zarpa cruzó la oscuridad y arrastró a uno de los que estaba rezagado. Los cuatro que quedaban se pusieron espalda contra espalda. Cundo tuvieron plena visibilidad, la valentía abandonó sus corazones. Las formas reptilianas los rodeaban, arañando el suelo rocoso con sus garras


Uno de los extraterrestres saltó sobre el chico, pero este pudo dispararle a tiempo. El monstruo se retorció de dolor ante los ojos abominables de sus hermanos. Estos comenzaron a rodear al grupo para cerrarlos cada vez más.

Lasdescargas de láseres conseguían mantenerlos a ralla. Cunado las baterías se acabaron, solo quedaba un bicho en pie. Se lanzó sobre la mujer, recibiendo un culatazo por ello.

Avanzaron por todo el ala. Cuando llegaron al final del camino, vieron a sus compañeros. Todos estaban vivos.

Serían libres un día más

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