Las correas duelen y el hedor me quita fuerzas. No sé cuanto ha pasado desde que me retuvieron en aquel pueblo andaluz ¿Días? Solo sé que estamos en un barco y que hemos cruzado el mar. Me cogieron por alguna razón que no recuerdo ¿molestarles? Nada, no creo. Me hubieran matado o arrojado al mar. La incertidumbre me está matando. Tras año y medio deambulando por una España post apocapiltica y en ruinas, voy a morir en medio del mar. Soy un tolai.
Tras unas horas de espera se acerca uno de lo tipos. Creo que es alguien muy grande, lo que confirmo cuando me quita el saco de la cabeza. Una nariz partida, por mi, un pelo rapado y unos ojos verdes es lo único que mis ojos ven. Me da mucho asco.
Eh! Idiota, si espabilas-me dice riendo y señalando a su cara-¿Recuerdas esto? pues es tu puta sentencia de muerte, gilipollas. En cuanto podamos, te usaremos de cebo.
¿Me vas a atar con una cuerda?-le pregunto-¿que quieres pescar? ¿tu inteligencia?
Una paliza me devuelve a mis sueños.
El calor de la rampa me devolvió a la realidad. El sol de ¿Donde? quemaba mi cara.Estaba sin camisa y maniatado. Se han alejado de mi para hablar, dicen algo sobre encadenarme. Me fijo en que uno tiene mi cinturón y dejan caer que me necesitan vivo. Eso es una oportunidad. Tras asegurarme de que no hay nadie vigilando, uso un saliente de la rampa como cuchilla. Tras cortarlo finjo un ataque de epilepsia. Cuando uno se acerca a agarrarme la cabeza, le rompo la nariz. Bien tiene una pistola. Pego varios tiros, solo aciertan dos. Antes de que bajen los demas cojo a mi primer victima y la uso de escudo humano. Consigo recoger un cuchillo y escapo por una de la avenidas. En mi carrera he olvidado para quien o que iba a servir de cebo. No sé ni donde estoy, tampoco me importa. Tras una larga carrera, dejo tirado a mi escudo.
Cuando dejo todo atrás me doy cuenta de dos cosas. La primera es que, por la bandera azul igualda que hay tirada, es probable que esté en Argentina. La segunda parece en forma de individuo tambaleante. Se ha percatado de mi existencia y viene hacia aquí. Sus ojos sin vida contrastan con la piel quemada por el sol, siendo eso lo que lo hacía más aterrador. Iba dejado, sin ningún tipo de protección, acercándose con sonidos guturales. Si eso era un ser humano, todo estaba acabado. Se abalanzó sobre mi y comenzó a atacarme. Con sus embestidas me arrinconó a una pared y empezó a agarrarme. Solo mis cabezazos impedían que me arrancase la garganta. Cuando las fuerzas me fallaban, tuve una idea. En el segundo de la siguiente embestida, me tiré hacia un lado, echando mano del cuchillo. Cuando mi agresor se dio cuenta, vino hacia mi. Sus manos levantadas fueron recibidas con una cuchillada en el cuello. La sangre nos cubrió como la vergüenza cubre el rostro de los culpables. Pero no estábamos solos.
Había muchos como él, avanzando lentamente hacia donde estaba yo. Fue entonces cuando un tipo me hizo señas para que me acercase.
August:
Otro día de mierda, en la misma ciudad asquerosa. El apocalipsis fue el último golpe para el mundo. Un cascaron frio, aburrido y muerto sobre el que caminar no era una gran opción. Vale, es bonito estar vivo y eso pero odio que solo me dedique a andar, buscar comida y escapar de "errantes". La rutina del fin del mundo es una cadena que atrapa, volviendote loco. así surgen los errantes. Las mentes que el fin de los días quebraron. Sus hijos miserables.
Me levanto de mi cama, preparándome para otro día de acción. Tras ponerme la ropa y enfundar el machete, recargo el revolver y salgo de allí. La comida escasea y los estómagos rugen como bestias nocturnas. Cada camino escogido no es una ruta d escape si no la elección de tu propia muerte. Las calles están en silencio, poca gente las camina y los errantes han abandonado la zona. Nadie escucha mis pasos o mis golpes en la puerta de una antigua tienda. Unas pocas latas de conservas era lo único que quedaba. Junto con un cuadro de sangre, era la única decoración de la tienda. Cristales y sueños rotos, la imagen del s XXI. Mientras paseo de vuelta a casa escucho a un errante, su ataque y posterior apuñalamiento por un tipo rubio y semi desnudo. Otra boca más que alimentar es un clavo en nuestro ataúd, pero también lo es en el del tedio post apocalíptico. Sin casi pensarlo, le digo que se acerque.
El calor de la rampa me devolvió a la realidad. El sol de ¿Donde? quemaba mi cara.Estaba sin camisa y maniatado. Se han alejado de mi para hablar, dicen algo sobre encadenarme. Me fijo en que uno tiene mi cinturón y dejan caer que me necesitan vivo. Eso es una oportunidad. Tras asegurarme de que no hay nadie vigilando, uso un saliente de la rampa como cuchilla. Tras cortarlo finjo un ataque de epilepsia. Cuando uno se acerca a agarrarme la cabeza, le rompo la nariz. Bien tiene una pistola. Pego varios tiros, solo aciertan dos. Antes de que bajen los demas cojo a mi primer victima y la uso de escudo humano. Consigo recoger un cuchillo y escapo por una de la avenidas. En mi carrera he olvidado para quien o que iba a servir de cebo. No sé ni donde estoy, tampoco me importa. Tras una larga carrera, dejo tirado a mi escudo.
Cuando dejo todo atrás me doy cuenta de dos cosas. La primera es que, por la bandera azul igualda que hay tirada, es probable que esté en Argentina. La segunda parece en forma de individuo tambaleante. Se ha percatado de mi existencia y viene hacia aquí. Sus ojos sin vida contrastan con la piel quemada por el sol, siendo eso lo que lo hacía más aterrador. Iba dejado, sin ningún tipo de protección, acercándose con sonidos guturales. Si eso era un ser humano, todo estaba acabado. Se abalanzó sobre mi y comenzó a atacarme. Con sus embestidas me arrinconó a una pared y empezó a agarrarme. Solo mis cabezazos impedían que me arrancase la garganta. Cuando las fuerzas me fallaban, tuve una idea. En el segundo de la siguiente embestida, me tiré hacia un lado, echando mano del cuchillo. Cuando mi agresor se dio cuenta, vino hacia mi. Sus manos levantadas fueron recibidas con una cuchillada en el cuello. La sangre nos cubrió como la vergüenza cubre el rostro de los culpables. Pero no estábamos solos.
Había muchos como él, avanzando lentamente hacia donde estaba yo. Fue entonces cuando un tipo me hizo señas para que me acercase.
August:
Otro día de mierda, en la misma ciudad asquerosa. El apocalipsis fue el último golpe para el mundo. Un cascaron frio, aburrido y muerto sobre el que caminar no era una gran opción. Vale, es bonito estar vivo y eso pero odio que solo me dedique a andar, buscar comida y escapar de "errantes". La rutina del fin del mundo es una cadena que atrapa, volviendote loco. así surgen los errantes. Las mentes que el fin de los días quebraron. Sus hijos miserables.
Me levanto de mi cama, preparándome para otro día de acción. Tras ponerme la ropa y enfundar el machete, recargo el revolver y salgo de allí. La comida escasea y los estómagos rugen como bestias nocturnas. Cada camino escogido no es una ruta d escape si no la elección de tu propia muerte. Las calles están en silencio, poca gente las camina y los errantes han abandonado la zona. Nadie escucha mis pasos o mis golpes en la puerta de una antigua tienda. Unas pocas latas de conservas era lo único que quedaba. Junto con un cuadro de sangre, era la única decoración de la tienda. Cristales y sueños rotos, la imagen del s XXI. Mientras paseo de vuelta a casa escucho a un errante, su ataque y posterior apuñalamiento por un tipo rubio y semi desnudo. Otra boca más que alimentar es un clavo en nuestro ataúd, pero también lo es en el del tedio post apocalíptico. Sin casi pensarlo, le digo que se acerque.
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