El frío del aire que cubría el cielo era el olor de un paraíso muerto. El bosque, de una espesura que bloqueaba el camino, se nutría con la sangre de los caídos. El dolor, la sangre y la muerte habían echado raíces y sus perseguidores se alimentaban de ello . Ella miró, cuando sus piernas rogaron por un segundo, los restos caídos de un hombre. Un buen hombre. El aire pesaba, la luz de la luna penetraba en el alma pero no la limpiaba, solo calentaba el ambiente y ayudaba a encender el odio. Los ruidos cubrían el bosque y los arboles, muchos de ellos muertos y retorcidos parecían el cadáver de un dios.
Siguió caminando, por puro instinto.
No sabía porque la perseguían y poco le importaba, lo único que tenía en mente era estar alerta. Cuando sus sentidos volvieron a activarse, descubrió que uno la había alcanzado.
Su rival actual era un energúmeno que le sacaba dos cabezas. Pocas neuronas. Odio y musculo.
El tipo, vestido con unos unos pantalones de uniforme y una camisa blanca, levantó su bate claveteado apuntando a su cabeza. Ella solo se movió y dejó que el orangutan descargase el mazo contra una de las esquinas. Mientras lo desenredaba, ella le acuchillo en el riñón. El gigante gritó y se avalanzó sobre ella. La vida se le escapaba, pero el odio lo mantenía vivo, el odio lo impulsaba y el odio le empujaba a golpear. Esquivó su puño y, mientras asentaba su posición, le agarro el brazo para rompérselo. Aquel desgraciado lloró de dolor. La posición ergida de ella, desató la ira del gigante que trató de levantarse impulsado por la furia. Pero no pudo. El puño de la mujer clavó la nariz en el cerebro del gigante. La vida abandonó súbitamente el cuerpo, como la alegría ante la desgracia inminente.
Siguió corriendo bosque abajo. Cada paso, alargaba su vida un poco más. Los latidos de su corazón luchando por mantenerla eran su banda sonora. Su cuerpo le estaba salvando el alma a base de fuerza pura e ira. Su interior gruñía por vivir.
Mientras avanzaba descubrió una cueva que podía cruzar la montaña Aquello la descolocó. La única posibilidad de ser la última. El movimiento que impedía que fuese un cadáver. Aunque los pensamientos y las paranoias pesaban sobre su cabeza, decidió que su pellejo era algo que merecía cualquier esfuerzo, tras su supervivencia en el bosque.
Y no se equivocaba.
A los pocos pasos se le abalanzaron los perseguidores. La treta les iba a salir cara. Cuando uno de ellos trató de agarrarla abriendo los brazos, ella consiguió reaccionar y clavarle un puñetazo en la tripa, para luego girar y golpear las costillas del segundo con una patada. Antes de que avisaran consiguió romper sus dientes y dedos. Tras eso, traspasó la entrada la cueva y se dio cuenta de que tenía más de barranco que de cueva. Rodó varios metros y acabó en la orilla de un río por el que se arrastró. Minuto tras minuto, el tiempo, el hambre y el frío la iban mellando, pero prefería desangrarse quedarse quieta, ya que eso era llamar a la parca. Tras un buen trecho, se encontró a un barquero.
No eres la primera persona que encuentro, estos bosques son el infierno-dijo aquel anciano. Sus manos, que eran la continuación de unos brazos curtidos que salían de un cuerpo que se moría, empujaban con fuerza los remos. Las aguas oscuras, silenciosas como un mar de muertos, no hacían más que inquietarla.
¿Que es lo que quieres a cambio?-Artizar se esperaba cualquier cosa
¿Yo?-dijo ante la atenta mirada- solo soy un viejo altruista-Ella se limitó a poner la mente en blanco. Mientras la barca avanzaba, se quedó dormida.
Cuando se despertó el viejo aun seguía navegando. La miraba con curiosidad.
Sabes-dijo aquel hombre- he ayudado a muchos como tú a sobrevivir a este entorno salvaje, pero tú eres diferente.
Quizás por el hecho de que soy una mujer-contestó molesta.
Nah, no es solo por eso-dijo el anciano- es algo que veo en tus ojos, como si a ti te moviese algo diferente.No es algo que busques tú, es otra persona que vive en tu interior.
Tras unos metros, Artizar reconoció el camino. Le dijo que la bajase allí y continuó a pie.
El camino era largo, pero ella lo acortaba a base de fuerza y determinación. Por fin, al final del todo, la encontró. Había vuelto a su hogar, donde la esperaba ella, su amor.
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