domingo, 3 de febrero de 2019
Historia para buttercup-un Día más
El despertador suena y con él, el día inicia. A veces desearía que la cama tuviera vida propia para arrastrarme, pero no es el caso. Aunque mis brazos no tengan fuerza, ni mi espíritu ganas, el sentido de la responsabilidad me saca a rastras de la cama y me hace ponerme en pie.
Como lo odio.
El café, tan asqueroso como siempre, se mete tibio por mis entrañas, acompañado de bocanadas de aire frío. Como banda sonora, suenan las palabras de aquel sociólogo...criminalista? no lo sé, del informe especial de anoche. Hablaba sobre el aumento de la violencia callejera y el repunte criminal. Otra losa cada día. Un buen resumen.
Las horas de sol vienen a mi cabeza y me recuerdan el turno de noche que me toca hoy, junto con todas mis responsabilidades. Lentamente empieza mi jornada. Lo primero son mis tareas, que ejecuto mecánicamente. Limpio mi casa mientras suena el informe matinal. No le presto mucha atención, pero creo que dice que alguien ha estafado a unos abuelos u otro desastre nacional. Lentamente purgo mi casa de suciedad, al mismo tiempo que la voy transformando en un lugar limpio y ordenado, contrapuesto a lo que me espera a fuera. Tras esto, recuerdo que aun hay que terminar un asunto. Enciendo mi viejo ordenador y rebusco entre los documento el archivo que necesito. No me ha llevado ni cinco minutos pero pesa la sensación de que sin ti, nadie hace nada. Crece en mi cabeza la sensación tan horrible de que las cosas se caen y que tu eres él único que evita que se derrumben.
Correo enviado.
Siento unos lazos, provenientes de mi sofá, que ha entrado en mi ojo, que me atrae, así que me limito a aceptar los impulsos que recorren mi cuerpo. Dejo que mi cuerpo se funda en paz con la tela del sofá y dejo caer mi espíritu sobre los cojines. Pero cuando logro estar en conexión mental con mi mueble, la horrible sintonía de mi móvil prepago, comienza a darme la lata.
Hgmfff-suelto desde el teléfono- ¿que quieres?
Sí Emilio-dice mi compañero-verás es que hemos tenido otro problema de última hora y me pregunto si podrías echarnos un cable. Uno de los nuevos se dejó el paquete más importante, y bueno ahora no pueden ir....
Silencio incómodo.
Oye mira-dice desde el otro lado-ya sé que te prometí la mañana libre hasta que empezásemos hoy a las ocho, y sabes que solo te pido las cosas muy muy importante
Sí, lo haré-digo resignado.
Gracias, hermano-dice aliviado- te debo una.
Una de tantas.
Bajo por las escaleras hasta el aparcamiento subterráneo. Mi furgoneta está al final del primer pasillo. Mientras las luces parpadean, abro la puerta y pongo en marcha, dejando que el gasoil envuelva con su olor toda la sala. Conduzco hasta la puerta y me bajo para abrirla. Tras escuchar el sonido oxidado de la puerta, vuelvo a subirme al coche y emprendo mi viaje a los almacenes del norte de la ciudad. La ciudad es un caos a esta hora y el transito de vehículos se hace muy lento, mientras la sinfonía de gritos te ahoga la mente.
Los almacenes del norte de la ciudad son deprimentes a rabiar. Es una zona que cada vez ha caído más en la desgracia. Hace dos día descubrieron que una empresa usó uno para un secuestro un tanto raro. Un negocio sucio, de los que matan esta ciudad.
Llego a la parte final y me bajo del coche. Dejo caer suavemente las manos sobre la puerta metálica. El sonido metálico resuena en el pequeño almacén. Después sale un viejo hablador y alegre. Un polar le cubre el cuerpo mientras su cara está oculta por una barba desordenada y un gorro de lana roja.
tú debes de ser Emilio ¿no?-dice sonrriendo-lo he sabido en cuanto te he visto, me pareces un tío como el que yo me imaginaba ¿sabes? serio, grande...bueno espera un segundo. Chaval, busca la caja cuatro y tráela aquí.
yo me limitaba a asentir
así que has tenido que hacer el trabajo que los nuevos no han hecho-dice sonrriéndo- ay estos jóvenes, no sé donde tienen la cabeza pero en tierra seguro que no. Cuanto han cambiado los tiempos eh? ni tu oficio es lo que era ni el mío lo es tampoco.
Consigo lo que quiero y me voy.
Falta poco para que empiece mi hora, así que me voy preparando. Hago un para de llamadas para asegurarme de que todo está en orden y me voy poniendo mi ropa de trabajo. Conduzco hasta el punto acordado, allí cojo el paquete y me voy con i pasamontañas, mi ropa y mis botas, mono de trabajo. Llego con el paquete hasta donde están los otros y dejo la caja en el suelo. Sacamos las armas y lanzamos las granadas de humo al banco
BUENO-digo con toda mi fuerza- esto es un atraco metan toda la pasta y no se muevan ¿queda claro?
Sip, otro día de trabajo.
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