Doctor! Acabe con mi sufrimiento.
Las palabras de Manolo García, tirado en el suelo retorciendose entre temblores sobre su camiseta de la selección, española, por supuesto, sonaban por todo el pasillo de urgencias.
"No estorbe en el pasillo, hostia" fue lo único que salió de mis labios. Mi propio código deontológico, tras años de experiencia, guiaba mis palabras.
Seguro que Hipócrates no tuvo que lidiar con tanto idiota.
No me toque los cojones-dijo aquel merluzo mientras se bajaba los pantalones-me ha pasado algo horrible.
Y cagó un litro de vino
En medio del pasillo.
Delante de todos
Tras ser golpeado por una limpiadora, lo traje a rastras a mi consulta. Lo senté en un balde y esperé a que parase.
-¿Que comió usted ayer?-dije, por empezar con algo.
-unas anchoas-dijo entre lágrimas-le juro que no soy bebedor...ni siquiera soy de Barbastro.
Hmmmm-le miré con extrañeza-¿La salubridad de su casa?
Inmejorable-dijo hundido por la incertidumbre- no sé qué hacer.
Pues puede echarle coca cola- dije mirándole muy fijamente-y así hace kalimotxo.
El paciente me dio una hostia y salió, ofendido, por la puerta
A día de hoy el se ha hecho rico haciéndolo pasar por Rioja y yo sigo aguantando a gilipollas.
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