Se alejó lentamente del plató. Los ruidos que hacía la gente al recoger las sillas y todo el decorado móvil se iban apagando poco a poco. Hablaba con ellas de vez en cuanto. Julia, la que más tiempo llevaba ocupada con la limpieza, le hablaba muy orgullosa de un hijo suyo que tenía talento en el mundo de la música. Mientras caminaba por el silencioso pasillo que conducía al parking de los estudiso, se cruzó con Elena y Miguel, una pareja que trabajaban juntos en mantenimiento. Le sonrieron y hablaron durante un rato antes de despedirse. Por último Alicia saludó a la guarda jurado, mujer que, aun siendo de pocos amigos y muy seria, siempre le dedicaba un saludo amable desde la caseta en el aparcamiento.
Les conocía desde hacía años. Cunado entró en el programa las relaciones eran extrañas, ellos, por costumbre, la miraban como si fuera de otro planeta. Ella se sentía fría, pues no lo entendía, hasta que descubrió la razón. Los invitados y tertulianos habituales hacían como que no existían. Por ello, al principio, mantuvieron las distancias que se fueron suavizando gracias a la amabilidad de Alicia. Alicia fue conociéndolos uno a uno y ganándose su cariño y apoyo, sobretodo porque Alicia escuchaba sus problemas y les ayudó. A Julia le dio el teléfono de un buen abogado laboralista cuando no quisieron reconocerle los Trienios, a Elena y Miguel les ayudó cuando el banco quiso echarles de su casa, poniéndoles en contacto con un sindicato de vivienda y a lA Guarda jurado le ayudó dándole cobijo cuando su caso de malos tratos se agravó, recibiendo apoyo legal y moral por parte de su organización. Gracias a su altruismo y amabilidad fue rompiendo esas barreras. Sin embargo, había algo más que buenas intenciones bajo la piel de Alicia. Una creencia en un mundo mejor inundaba su corazón.
Desde joven apoyaba al partido.
Interesada, desde que empezó a pensar por si misma, en política, observó con atención como era el mundo y que lo movía. Buscó con paciencia un lugar en el que pudiera poner en práctica lo aprendido y luchar por la liberación de los desposeídos.
Y lo encontró.
En una huelga descubrió que había un partido que no solo la apoyaba, sino que había puesto todos sus esfuerzos en que saliera acabo. Con el tiempo, a medida que participaba en movimientos sociales, les veía participar y los admiraba cada día más. Un buen día, decidió que quería entrar dentro y, tras una asamblea de su barrio, habló con la señora que representaba al partido en aquella asamblea y le dijo que quería entrar
Alicia nunca había reflexionado sobre el tiempo que había pasado desde aquella asamblea de otoño, pero era el suficiente para que le saliese una sonrisa. Los recuerdos siguieron llegando a su mente y la fueron envolviendo mientras conducía. El trabajo de las reuniones era dura y, aunque se sobrellevase, ella notaba que algo iba fallando, pues, aunque conseguían reclutar gente era muy poca y cada día el impacto mediático era menor. Este tema comenzó a meterse en su cabeza y, por más vueltas que les daba, no lograba encontrar una respuesta, hasta que, un día, en casa de su abuelo, vio el reality, como, algunos de los participantes, de forma sutil, lanzaban propaganda burguesa. Entonces lo tuvo claro.
Se convertiría en la princesa del pueblo.
Fue duro ascender. Ella pensaba que solo tendría que ponerle en empeño pero no. Daba igual que programa o cadena. La televisión entera y su industria estaba echa para sorberte el alma y consumirte cacho por cacho. En su ascenso al estrellato, vio muñecas rotas por cualquier lado. Eso era más horrible que cualquier obligación que le impusiese un productor. Pero ella, decidida, siguió adelante. Y su esfuerzo dio sus frutos. Lentamente, la propaganda hacía mella. Debido a los temas que trataban, empezó a atacar a las posiciones patriarcales que los tertulianos defendían. Ganarse a las mujeres se le hizo fácil pues atacaba a quienes iban en contra de la libertad de la mujer, o resaltando los pesares a los que estaban encadenadas. Eso le dio popularidad, y con ella pudo sacar más temas. Cuando se descubrió que uno de los tertulianos tenía al servicio en negro, ella aprovechó para resaltar el drama; dijo que era algo muy común y lo que deberían hacer contra ese crimen. Cualquier grieta que sus "compañeros" le daban ante las cámaras, era una oportunidad para expandir la palabra.
Sus compañeros de partido, al principio, estaban divididos entre aquello que quería hacer. Por supuesto que no la iban a juzgar por hacerlo, pero había militantes que tenían dudas sobre la seriedad de todo eso. Sin embargo, a medida que las palabras de Alicia iban calando en la gente, muchos veían una oportunidad para alzar al pueblo en armas. Era imposible negar que Alicia había hecho bien su trabajo y cada vez más gente simpatizaba con el partido. Todos sabían que era cuestión de tiempo que la gente se les uniera.
Por eso Alicia caminaba segura por aquellos pasillos a veces tan siniestros y poco acogedores, porque estab segura de que, algún día, los cruzaría con una bandera roja sobre el hombro.
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